Brandon Meriweather y Antwain Spann, de los New England
Patriots, posan junto a Miss Nevada, un par de días antes del
SuperBowl, que disputarán con los NY Giants. El juego será
visto por 100 millones de personas sólo en EE.UU.
Fiestas privadas y públicas, reuniones familiares, apuestas por centenares de millones de dólares, cortes comerciales casi tan atractivos como el programa principal y hasta recetas de «snacks» especiales para aguantar las cuatro horas del show, más las dos o tres del «pre-game show».
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Todo esto forma parte del megaevento del domingo: Estados Unidos volverá a paralizarse con el hecho deportivo más visto año tras año (100 millones de almas). Es, claro, el SuperBowl, la final del torneo de lo que el resto del planeta llama fútbol americano y los norteamericanos ( incluyendo mexicanos y canadienses) simplemente football. El partido se jugará en el estadio de la Phoenix University y en la Argentina podrá ser seguido en directo a las 21 por el canal Fox Sports.
Como pocas veces en las 41 ediciones previas de esta final, hay un favorito absoluto y una Cenicienta a la que pocos asignan chances de convertirse en princesa. El favorito es New England Patriots, que terminó invicto la fase regular del torneo (16 partidos) y ganó los dos play-off que le tocó jugar. El único antecedente de campeón invicto es el de los Miami Dolphins de 1972. Su estrella máxima es Tom Brady, su «quarterback» (algo así como un medio scrum pero con brazo para pasar la pelota hacia adelante hasta 90 metros), a quien ya se compara con los más grandes de la historia como Johnny Unitas, Joe Montana o Terry Bradshaw.
Del otro lado, estarán los New York Giants, el «Boca» de la NFL; un equipo cargado de títulos y uno de los más antiguos de la liga, pero que este año llegó a la final sin que nadie lo esperara y tras ganar tres juegos de play-off. Su quarterback, Eli Manning, a diferencia de su colega de New England (Boston), es poco confiable y hasta ahora vivió a la sombra de su hermano Peyton Manning, que el año pasado llevó a los Indianapolis Colts a quedarse con el título.
Las apuestas favorecen largamente a los Patriots, que ya ganaron tres títulos en los últimos seis años. Los corredores de Las Vegas les dan una ventaja de 11 puntos y medio. Esto significa que si los Giants pierden por once o menos, cobran quienes apostaron al equipo de Nueva York.
Pero si no se quiere jugar por ninguno de los equipos, hay toda una lista de insólitas posibilidades que permiten tratar de adivinar, por caso, cuántos puntos se marcarán en el partido. Si el score se ubica «entre 50 y 56 puntos», el jugador cobrará tres dólares por cada uno apostado. En el otro extremo, «entre cero y siete», paga cincuenta a uno. Hay otras categorías, como cuántos minutos de tiempo neto se jugarán, cuántos goles de campo se patearán, si se producirán o no «safeties» (vale dos puntos; es cuando un jugador es tacleado en su propio ingoal).
Sin embargo, la apuesta más simpática es la que hicieron Michael Bloomberg y Thomas Menino, intendentes de Nueva York y de Boston respectivamente. Si pierden los Giants, Bloomberg le enviará un cargamento de productos «típicos» como pizzas, sandwiches de pastrón, «New York steaks» (bifes de chorizo), «cookies» bicolores y café, claro. Si el resultado es inverso, Menino pagará con salchichas de pollo, «clam chowder» (sopa de almejas), helados de una marca local y, claro, café...
Pero al margen de lo que hagan los jugadores (once por bando, que son reemplazados en su totalidad cuando el equipo ataca o defiende), hay dos shows adicionales que atrapan a los televidentes de Estados Unidos (uno de ellos también a los que ven el partido desde el exterior):
las tandas comerciales; este año se batirá un nuevo récord: a pesar de la crisis de los mercados, se pagarán u$s 2,7 millones por pasar un spot de treinta segundos. Empresas como Bridgestone (que avisa por primera vez) o Coca-Cola (que es un clásico: está testeando once avisos para pasar sólo uno, que será elegido por los televidentes) ocultan su contenido como un secreto de Estado.
Otras, como Audi, retornan tras una ausencia de 20 años con un aviso inspirado en «El padrino». El máximo inversor, sin embargo, seguirá siendo Budweiser.
el show del entretiempo; este año será la banda de Tom Petty & the Heartbreakers la que ocupe el escenario que se montará, se usará y se desmontará en los 20 minutos que dura la pausa. Petty intentará hacer olvidar a antecesores como The Rolling Stones, Paul McCartney, Elton John, el seno al aire de Janet Jackson y U2. Para eso apelará a sus viejos hits «I Won't Back Down» y «Free Falling». Este tema aparece en la radio de Tom Hanks («Jerry McGuire») en el filme del mismo nombre, poco después de que el agente de jugadores de fútbol americano que personifica decide independizarse. Finalmente, más allá de los comerciales y los miles de millones, el partido servirá para que parientes que no se ven nunca se junten para el «Super Bowl weekend», que arrancará el sábado con asados al aire libre y fiestas no tan familiares.
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