13 de julio 2004 - 00:00
Viajar a Mar del Plata en un tren fantasma
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Este es un boleto clase turista del jueves 8 de julio. Aunque el viaje se realizó, nadie cortó ni pidió el talón correspondiente al control de pasajeros.
Se habilitó una salita de espera con escasos asientos y superficie reducida, por lo que la mayoría de los viajeros tuvo que sentarse en el piso con sus valijas, a la espera de que llegue el tren correspondiente. Circular por la estación fue una opción que desechó la mayoría. Simplemente porque había grupos «punguistas» --delincuentes en la jerga-buscando desprevenidos y sólo había un bar-restorán colmado, que obligaba a una paciente espera.
Como se había anunciado, a la 1 llegó el tren. La sala de espera se vació en segundos. No había nadie para controlar los andenes ni quiénes subían, ni el equipaje. Nadie pidió siquiera un ticket.
Igualmente, el tren no salió. No había máquina que empujara una decena de vagones repletos -entre pasajeros y colados-porque se encontraba en Remedios de Escalada (según indicaron trabajadores de la estación) cargando combustible.
Muchos de los que ya estaban acomodados (en la oscuridad) se bajaron del tren para golpearlo. En medio de gritos e insultos, un grupo incendió una bolsa de basura sobre el andén, hasta que recién a las 2.30 -tres horas después de lo anunciado-, arrancó la formación.
Cuando se compra un bole-to turista en ventanilla, se informa que la diferencia con el pullman es que no es posible garantizar la calefacción. En los hechos, no sólo no cuenta con calefacción sino que tampoco con un sistema de cierre seguro de ventanillas, la mayoría destrozadas por cascotazos que se registran --dicen-en el tramo Lanús-Temperley.
Ya en marcha, por el mal estado de las vías el pasajero sufría constantes sacudones y por ese movimiento subían y bajaban las persianas.
A la vez, por los agujeros de los vidrios ingresaba un intenso frío más aguanieve genera-da por el frío polar del pasado fin de semana, y en el interior de los vagones se tornó imposible soportar el clima.
Como no había personal de la empresa Ferrobaires ni policial en todos los vagones, los pasajeros podían fumar cuando les parecía. Hasta se pudo ver gente drogándose con marihuana, tomando cerveza o alguna otra bebida alcohólica -que vendían constantemente vendedores ambulantes que se colaron por la falta de control-y hasta se presenciaron situaciones aberrantes. Tanto que cerca de Dolores se llevaron a varios pasajeros detenidos. Se comentó que habían intentado robar valijas y bolsos, lo que obligó a los pasajeros a atarlos a sus piernas. Pocos durmieron.
No hubo luz en todo el viaje, más que un pequeño y tenue foco anaranjado que funcionaba con intermitencia. Para alcanzar el baño, la gente utilizaba sus encendedores como linternas.
El regreso de Mar del Plata a Constitución en clase pullman fue radicalmente diferente. Había luz y también calefacción. No hubo vendedores ambulantes ni retrasos; tampoco descontrol.
El tren salió puntualmente a la 0, aunque se detuvo en reiteradas oportunidades. Final-mente, siete horas y media después, llegó. (Estuvo detenido más de 40 minutos en Avellaneda porque, según se explicó, no había espacio para su normal circulación.)
El estado de las vías hizo temer a los viajeros un descarrilamiento. Los asientos destrozados, las ventanas agujereadas, los baños sucios y las condiciones generales de los vagones hicieron decir: «Nos hacen viajar como ganado». La gran mayoría de los pasajeros aseguró no volver a pensar en un tren a la hora de viajar.



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