Violencia entre jóvenes: dónde se origina y cómo se trata la viralización de golpes y patadas en las redes

Las peleas que se desataron en distintos puntos del país impactan y duelen. El análisis de especialistas ante una problemática que va en aumento.

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Las agresiones físicas entre jóvenes suelen ser moneda corriente. Y más aún, la viralización de las mismas. No importa en qué red social se suba el contenido, es indistinto, pero lo más preocupante es la normalidad con la que se maneja este accionar.

Haciendo hincapié en esa problemática, la Organización Mundial de la Salud precisó que la violencia juvenil es la que ocurre fuera del hogar, entre niños, adolescentes y hombres jóvenes, en el grupo de edad de 10 a 29 años, aunque ya no se trata de género.

Sin ir más lejos, en Rosario, una adolescente quedó tirada en la calle luego de que una compañera le pateara la cabeza en medio de una pelea frente a la escuela. Por el ataque, la joven tuvo que ser trasladada de urgencia al Hospital Carrasco, donde quedó en observación.

Por otro lado, en Junín, un chico de 12 años fue atacado en el baño de la Escuela Secundaria 7 por otro alumno tres años más grande. Debido a la agresión, la víctima sufrió fractura de nariz y traumatismos varios en la cabeza. “Fue a matarlo”, dijo Lorena, su mamá.

A su vez, en Corrientes, un tradicional colegio religioso de la provincia tenía alumnos de cuarto, quinto y sexto año que organizaban peleas en el baño del establecimiento para las que, previamente, cobraban apuestas.

En tanto, en Mendoza, una alumna golpeó salvajemente a una de sus compañeras hasta dejarla inconsciente. La brutal secuencia, como también suele ocurrir, fue filmada por otro estudiante y luego se viralizó. Todo esto ocurrió la semana pasada.

Y la lista puede continuar con solo tipear una búsqueda en Google. “Es consecuencia, producto, emergente de una comunidad que ya no se escucha, no se respeta, no se dialoga. Se tacha, se anula, se arrasa al otro”, opina Adriana Grande (M.N. 58.804), médica psicoanalista especializada en vínculos familiares.

La experta supone que tal vez estos chicos se criaron en un clima de gritos y peleas, que al prender la TV vieron también actitudes similares y cuando fueron a su celular y entraron en las redes pudieron aprender de los humanos un clima repetido de insultos y agravios.

“Todas las instancias anteriores fallaron: familia, escuela, sociedad de fomento, club, maestros de vida… Porque si solamente uno estuviera presente, cualquiera de estos chicos se hubiera aferrado a ese esbozo de vida y hubiera podido elegir palabras en lugar de patadas”, reflexiona la psicoanalista.

“Lo que queda claro con los videos es que hay alguien que filma, sigue existiendo esta conducta de que en lugar de pedir ayuda, de contenerlas o de hacer algo que frene con la situación, se prefiere grabar y subir el video para que luego se viralice. Es el ‘show de la violencia’”, plantea la licenciada en psicopedagogía María Zysman.

Las conductas agresivas en los primeros años de la escuela fueron descritas como un buen predictor de delincuencia en la adolescencia. Y, estudios de seguimiento, mostraron que los problemas conductuales en la infancia media son un fuerte vaticinio de problemas conductuales en la adolescencia. Detectar y atender estas situaciones en la infancia es una responsabilidad para que no evolucionen en la adultez.

“A los chicos hay que darles la posibilidad de que expresen sus broncas, sus miedos, lo que les molesta del otro. Que ese decir tenga un sentido, que no sea una descarga, sino que sienten las bases para construir algo mejor”, propone Zysman y aconseja trabajar con el contexto para que la violencia no sea lo divertido, lo que populariza, dé poder o pertenencia.

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