5 de noviembre 2007 - 00:00
Volvió la clásica Recoleta-Tigre
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Parte una de las máquinas pre-1920 hacia el Tigre. Sesenta y
cinco vehículos corrieron la Recoleta-Tigre, pero algunos de
sus dueños pidieron el anonimato.
El primero en llegar a la meta fue Luis Alberto Gold y su compañero Jackie Forrest Greene (ex piloto y ex preparador del equipo de Peugeot), con un Hispano Suiza Alfonso XIII de 1914; el segundo lugar fue para Carlos «Calilo» Sielecki, del grupo de laboratorios Phoenix, Elea y Disprofarma, y cuñado del cónsul en Nueva York Héctor Timerman.
Para celebrar el festejo se organizó un almuerzo en el restorán del casino Trilenium. La «invitación» no era gratuita: la inscripción con el banquete incluido para dos personas era de $ 100, y de $ 70 por cada comensal adicional. Sin embargo, muchos de los corredores prefirieron disfrutar del día soleado y ni aparecieron por el casino, donde los esperaban con copas de champagne para agasajarlos.
Uno de los grandes ausentes fue Gregorio «Goyo» Pérez Companc, quien se sabe es fanático de los autos clásicos y uno de los mayores coleccionistas del planeta. Según un miembros del Club de Autos Clásicos (que viajaba en la parte trasera del vehículo que manejaba su presidente) el empresario -que se ubica como el hombre más rico de la Argentina, según la revista «Forbes»- no asistió «por culpa de la prensa que después lo acusan con titulares tipo 'Así se divierten los ricos'». Lo curioso es que fueron los propios organizadores quienes cursaron invitaciones a los medios gráficos y electrónicos...
La cuasi clandestinidad del evento -insólita, por lo arriba apuntado- se tradujo en un intento de mantener oculta la identidad de los participantes rayana en lo absurdo. Mercedes Curá, que se presentó como una de las «organizadoras» de la carrera, dijo a este diario que los corredores «pidieron que se respete su derecho de preservar su nombre en secreto».
Algunos de esos pilotos «secretos» viajaron con sus piezas de museo desde ciudades como Rosario, y hasta hubo algunos que vinieron especialmente desde Londres y de París. Ellos, igual que los locales, tampoco quisieron dar a conocer su identidad.




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