Opiniones

Jubilaciones, AUH y trabajo: necesidad y urgencia de recentrar los derechos

Ningún derecho social quedó blindado con el cambio político y económico desde el gobierno de Cambiemos y se configuró un patrón distributivo institucional más desigual.

La continuidad de una política no implica que la misma persista sin cambios. Tanto la AUH, las jubilaciones como los derechos laborales sufrieron modificaciones desde 2016. En el último tiempo es concluyente que los derechos sociales y laborales fueron a la baja, y lo que creció fue el asistencialismo y la caridad estatal a los damnificados por las propias políticas del gobierno de inflación, desocupación, informalidad y pobreza crecientes.

En el último año, según el INDEC, el aumento de la canasta básica alimentaria fue del 66.1% y de la canasta básica total del 61.5%. La pobreza creció más de 6 puntos en dicho período, pasando del 25.7% al 32%, y la indigencia se incrementó 1.9 puntos, aumentando de 4.8% al 6.7%.

Las jubilaciones y asignaciones familiares, así como la AUH, fueron devaluadas y afectadas por la inflación y el cambio en la fórmula de cálculo. No sólo el reemplazo de índice RIPTE la afectó, sino que, además, un trimestre directamente se omitió, perdiendo por un error un 4% de su valor.

Se han generado subpisos de los mínimos de ingresos. Subpisos de jubilaciones mínimas con la PUAM, que equivale al 80% de una jubilación mínima; subpisos de salarios con el salario social complementario que equivale al 50% de un SMVM; subpisos de salarios minimos, actualizados con “bonus extras” discrecionales y clausulas gatillos pero que siempre están por detrás de la inflación. Esto afectó a todos y todas las argentinas, en especial a los más vulnerables, jóvenes, mujeres y niños.

Las nuevas tecnologías tienen que estar en función de la gestión y no al revés. No puede ocurrir, tal como viene sucediendo en el último tiempo, que se invierta la carga de la culpa en los jubilados, los niños, y las personas con discapacidad que han tenido que acreditar y revalidar condiciones de acceso a políticas que ya habían sido comprobadas, como sucedió recientemente con el CUNA que dejó a miles de niños sin cobrar por un mes lo que constituye un derecho.

La desmejora social de los últimos tiempos tiene género y edad. Han sido las niñas y las mujeres jóvenes, adultas y en la vejez las más afectadas por la desigualdad, la pobreza, la desocupación y en sus condiciones laborales y de bienestar en los últimos años. Son las mujeres las primeras en salir a hacer rendir el presupuesto familiar, las que cuidan, las malabaristas que realizan aportes sociales y económicos a nuestra sociedad, pero que al mismo tiempo están invisibilizadas.

Seis de cada 10 niños/as de hasta 17 años pertenecen al 40% de la población más pobre que concentra menos del 15% de la riqueza que producimos todos con nuestro trabajo, mientras tan sólo menos de 1 de cada 10 chicos pertenece al 20% más rico que se apropia de casi la mitad de la riqueza que generamos todos .

La evolución de la brecha de ingresos entre el quintil más rico y más pobre que se había reducido fuertemente entre 2003 al 2008 y luego desde 2009 al 2015 no presentó grandes variaciones, y en la actualidad tiende a persistir y agravarse.

En estos años en el país, a su vez, cada vez son más relevantes los ingresos de la política social sobre los ingresos familiares debido a la merma que están experimentando los salarios.

La caída del salario real promedio, según datos del INDEC, ha sido del 17.4% en los últimos dos años. Desde noviembre de 2015 a abril de 2019, la baja del salario real del sector privado ha sido de 16.5% y el del sector público 18.9%. La tasa de desocupación alcanzó a 10.1% de trabajadores y se duplica entre las mujeres jóvenes de 14 a 24 años, llegando al 23.1%, mientras que la subocupación se incrementó al 11.8% . La presión sobre el mercado de trabajo (integrado por los desocupados abiertos, los ocupados demandantes de empleo y los ocupados no demandantes disponibles) que viene creciendo, asciende al 33.9% de los trabajadores.

Ningún derecho social quedó blindado con el cambio político y económico desde el gobierno de Cambiemos y se configuró un patrón distributivo institucional más desigual. Hay que transformar el asistencialismo recargado que impregnó con Cambiemos a todas las áreas del Estado y recentrar el trabajo y el derecho a la seguridad social para todos y todas. También reestablecer el Ministerio de Trabajo y restituir la ANSES bajo su órbita.

Más que “hambre cero”, que es la manifestación de la merma de los derechos sociales y laborales, es vital recentrar el trabajo y garantizar la seguridad social del nacimiento a la vejez. Se impone en los próximos años avanzar en políticas de protección social y trabajo distributivas (que consideren diversas dinámicas sociales y económicas) y fomentar iniciativas que estimulen y promuevan la igualdad de género y generacional.

(*) Coordinadora Académica del Diploma de Postgrado de Desigualdades y Políticas Públicas de FLACSO

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