Espectáculos

La muestra BAphoto 2019 consolidó su calidad con perspectivas múltiples

El interés se repartió entre las fotografías-instalaciones con acentos míticos, como "Padres Danzantes de Tijeras", del peruano Roberto Huarcaya, hasta panoramas históricos del pasado de Buenos Aires.

El domingo cerró sus puertas en La Rural la decimoquinta edición de BAphoto, la feria especializada en fotografía que este año consolidó la presencia del público y, a pesar de la crisis, también de los compradores. En primer lugar, la obra más atractiva fue el fotograma “Padres Danzantes de Tijeras”, del peruano Roberto Huarcaya. Y todos los expertos coinciden. La foto-instalación, dispuesta como los antiguos panoramas, posee una imponente dimensión (10 x 2,20 metros) y una gama de colores espectrales, ocres y tierras con transparencias. El papel fotosensible reproduce el baile de Tijeras cuyo origen se remonta al siglo de la conquista de América. El “taki ongoy” o enfermedad del canto, surgió en los Andes del Perú, proviene del ritual de sanación mediante el trance e implicaba un modo de resistencia ante el dominio español y el adoctrinamiento religioso.

Si bien hoy es moda retomar viejos procedimientos fotográficos para obtener imágenes sin utilizar cámaras, Huarcaya, que ya había desplegado en Buenos Aires un inmenso fotograma del Amazonas, sorprende con la excelencia de sus bailarines. En el mismo espacio estaban los cianotipos en monocromático azul de Ana Zorraquín.

Desde luego, las figuras estelares de la Feria fueron los grandes maestros de la fotografía, Humberto Rivas y una serie de imperdibles retratos del pintor Roberto Aizenberg, Anatole Saderman, Sameer Makarius, Annemarie Heinrich, Alicia D’Amico, Pepe Fernández y Alejandro Kuropatwa. Más allá de los clásicos, están los elaborados trabajos de artistas como Luján Candria que, según la opinión de un entendido, “no mira el mar como un territorio, ni siquiera las olas, observa el movimiento y logra abstraerlo en sus fotografías. Para representar la esencia del movimiento, como el viento que anhelaba pintar Álvaro Mutis, “el que no deja huella”, hay que saber mirar… el lado oculto de las cosas. […] Mirar, mirar, hasta no ser uno mismo”.

Las obras dependen del ojo del artista para capturar características excepcionales. Este secreto de las artes visuales, lo comparte Andrea Alkalay con los paisaje tomados durante su viaje a Oriente. Sus imágenes poseen colores profundos y grandes vacíos, como el Buda sin rostro. Sobre estas fotos Alkalay adhirió fragmento de láminas de oro que resguardan un significado. Se trata del oro que cubre como una piel las estatuas de Buda. En esta misma línea figuraban las fotografías de Zulema Maza cubriendo su propio rostro con las máscaras de los años 70 con rasgos zoomórficos, compradas en México y Honduras. En este mismo grupo están los rostros con mapas del chileno Claudio Pellegrini y la bellísima arquitectura transparente de la italiana Lina Bo Bardi recreada por Fabiana Barreda. Frente a los trabajos elaborados, llama la atención el estilo personal de Alberto Goldenstein. Sus fotografías de Mar del Plata son tan simples como personales y reconocibles.

El año pasado BAPhoto había presentado una curiosidad: varias fotografías de la Editorial Abril. Ahora, la muestra de otra serie de imágenes impuso otra vuelta atrás en el tiempo. Allí estaban las entonces jóvenes Brigitte Bardot, Jane Fonda, Barbra Streisand y Audrey Hepburn. Con el mismo archivo de Abril, el curador Francisco Medail resucitó a la Nueva Ola, Palito Ortega, Leonardo Favio y el público de Sandro.

Finalmente, el interés por nuestra historia, sentimiento que no debería haberse perdido, ha regresado. Las instituciones y el mercado cumplen el oficio de buenos sismógrafos al demostrar su interés. El Ministerio de Cultura porteño presenta la muestra “Buenos Aires siglo XX: fotografías de Gaston Bourquin”. Una formidable vista nocturna de Buenos Aires con los edificios iluminados, abre la selección de paisajes tomados durante la primera mitad de la centuria. El trabajo de investigación y recuperación patrimonial estuvo a cargo de Luis Priamo y Verónica Tell.

Finalmente, en un amplio espacio dedicado a nuestra historia, cuentan que se vendieron algunos retratos de nuestros próceres. Los argentinos parecen despertar de un largo sueño. Los compradores de esta materia que tuvo como interesados casi exclusivos a las universidades de EE.UU. y a los franceses, son esta vez argentinos. En medio de la crisis se reivindica nuestro patrimonio.

La editorial Lariviere aportó lo suyo: un Premio, un amplio stand de publicaciones y la presentación de varios libros, entre ellos, “Argentinos” de Marcos Zimmermann, un trabajo de campo realizado hace años y expuesto en el Palais de Glace. El libro muestra las verdades de un país que no querríamos ver. Allí, en sus imágenes, la Argentina se sumerge rápidamente en la pobreza estructural que recién hoy nuestra población reconoce.

Las imágenes de Zimmermann, mientras retratar la pobreza de Latinoamérica se ha vuelto casi una obligación para acceder a los circuitos internacionales, se destacan por su franqueza. En medio de las imágenes de la Feria, la ausencia de especulación de Zimmermann se vuelve un gesto notable.

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