24 de febrero 2026 - 14:22

Por qué la incontinencia no debería naturalizarse

Síntomas sutiles que muchas veces se minimizan, se comentan entre amigas o se repiten en conversaciones cotidianas como si formaran parte “normal” de la vida. Pero que, desde el punto de vista médico, merecen atención.

Perder orina no debería naturalizarse.

Perder orina no debería naturalizarse.

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Muchas mujeres llegan al consultorio diciendo lo mismo: “Doctora, no es grave… son solo unas gotitas”.

Pequeños escapes al toser, reír o estornudar. Ganas urgentes de ir al baño. Aumentos en la frecuencia urinaria. Síntomas sutiles que muchas veces se minimizan, se comentan entre amigas o se repiten en conversaciones cotidianas como si formaran parte “normal” de la vida. Pero que, desde el punto de vista médico, merecen atención.

La incontinencia urinaria es la pérdida involuntaria de orina. Es frecuente, sí. Pero frecuente no es lo mismo que normal. Y ese es uno de los errores más comunes que veo todos los días en el consultorio, en los medios y en los relatos que circulan entre mujeres.

No, no es “parte de ser mujer”. Sin embargo, todavía persisten muchos mitos alrededor de este tema: que solo aparece con la edad, que si son pocas gotitas no importa, que no tiene solución o incluso que cortar el chorro al orinar fortalece la vejiga.

Desde mi experiencia médica, puedo afirmar que estas creencias suelen llevar a minimizar un síntoma que merece evaluación. La incontinencia puede aparecer después de un embarazo o un parto, durante la menopausia, en mujeres jóvenes o en cualquier etapa de la vida de la mujer. Y en la gran mayoría de los casos, existen opciones para mejorarla o resolverla.

Estos cambios tienen explicaciones concretas. Durante el embarazo, el aumento de la presión abdominal impacta sobre el suelo pélvico, un conjunto de músculos y ligamentos que sostienen los órganos pelvianos. En la menopausia, la caída de los estrógenos afecta la calidad del tejido urogenital y predispone a la aparición de síntomas.

A esto se suman otros factores como el sobrepeso, la constipación, el sedentarismo, ciertos hábitos al ir al baño o actividades físicas mal realizadas. Nada de esto significa resignarse. Significa entender qué está pasando para poder abordarlo a tiempo.

Sin embargo, muchas mujeres intentan manejar el problema solas. Reducen demasiado la ingesta de líquidos, van al baño “por las dudas”, hacen ejercicios sin supervisión, se automedican o evitan actividades que disfrutan. Con buena intención, pero con malos resultados. En lugar de mejorar, aumentan la ansiedad y el malestar.

El abordaje correcto siempre es personalizado, según el tipo y el grado de incontinencia. Puede incluir reeducación del suelo pélvico con kinesiología especializada, ejercicios guiados como los de Kegel, cambios en los hábitos de alimentación e hidratación, tratamientos hormonales locales, medicación específica o, en algunos casos, procedimientos mínimamente invasivos o cirugía.

Además, hoy existen herramientas para el manejo cotidiano (como productos absorbentes diseñados especialmente para pérdidas urinarias) que permiten sostener la rutina con comodidad y discreción, sin resignar calidad de vida mientras se avanza en el tratamiento.

La incontinencia no afecta solo al cuerpo. Afecta la autoestima, la sexualidad, los vínculos y la vida social. Muchas mujeres dejan de viajar, de hacer ejercicio, de salir o de compartir momentos por miedo a un escape. Y ese silencio, muchas veces, se sostiene en la misma idea que escuchamos una y otra vez: “es normal, a todas les pasa”. No lo es.

A lo largo de los años, vi muchas pacientes que postergaron la consulta por vergüenza o por creer que no había nada para hacer. Cuando finalmente llegan, aparece el alivio: entienden que hay opciones, que no están solas y que no tienen que adaptarse al malestar.

Si tuviera que derribar una sola creencia, sería esta: pensar que la incontinencia es normal y no tiene solución. Es la idea que más daño hace y la que más retrasa el cuidado.

Perder orina no debería naturalizarse. Debería interpretarse como una señal del cuerpo que merece ser escuchada. Consultar, informarse y ocuparse a tiempo es una forma de cuidado personal y de libertad. Y, en la mayoría de los casos, también es el primer paso hacia una solución.

Ginecóloga

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