Economía

Mercados en jaque por la mayor deuda global de la historia

Según datos del FMI asciende a u$s184 billones, lo que representa el 225% del PBI mundial.. A lo largo del año pasado varias voces se alzaron para advertir los peligros de una nueva burbuja financiera. Ahora, con los nuevos números en la mano, los inversores recalcularán sus decisiones.

Para arrancar el 2019, un año que no solo se perfila complicado para Argentina (por ser año electoral) sino también para el mundo entero, ayer el Fondo Monetario difundió el último dato de la deuda global que alcanzó un máximo histórico de u$s184 billones -en términos nominales-, lo que equivalente al 225% del PBI mundial. El Fondo aclara que aproximadamente dos tercios del total de la deuda mundial es privada no financiera y el resto deuda pública. En el caso argentino, los datos del FMI dan cuenta que entre los emergentes el país tiene un nivel de deuda total equivalente al 78% del PBI, de los cuales el 26,6% es deuda privada. Cabe señalar que para las estadísticas del organismo el PBI nominal de Argentina asciende a u$s638.000 millones.

El Fondo destacó ayer que, en promedio, la deuda mundial es superior a u$s86.000 por habitante, lo que supera en 2,5 veces el salario medio per cápita. No extraña así que el excesivo endeudamiento global sea visto por algunos expertos como uno de los principales problemas económicos, sobre todo si la economía mundial entra en recesión y comienzan a surgir problemas con la enorme deuda contraída por algunos países, principalmente, en los últimos años. Otro tema que inquieta a los mercados es que surjan serias turbulencias con la deuda corporativa de baja calidad (alto riesgo), debido a que bajo un entorno de bajo crecimiento su deterioro es más rápido. Por ejemplo, en EE.UU., uno de los principales problemas del que han advertido los reguladores es la proliferación de los préstamos apalancados (emitidos por debajo del grado de inversión) en el sector corporativo.

De todos modos el FMI destaca que “las economías más endeudadas del mundo son también las más ricas”. Los tres grandes prestamistas del mundo, EE.UU., China y Japón, son también los que más deben, ya que representan más de la mitad de la deuda global, lo que supera su participación de mercado en la producción mundial de bienes y servicios. Por otro lado, las cifras del Fondo muestran que la deuda del sector privado “se ha triplicado desde 1950” y sigue siendo el motor del crecimiento de la deuda global. En este sentido, uno de los cambios más significativos desde la crisis financiera de 2008 ha sido “el aumento de la deuda privada en los mercados emergentes, liderada por China, que ha superado a las economías desarrolladas”. En el caso de China los datos son: la deuda total representa el 245% del PBI siendo la privada el 81,5% del PBI, con un PBI nominal de más de u$s12 billones.

En lo que respecta a la deuda pública global, que disminuyó de manera constante hasta mediados de la década de 1970, no puede soslayarse que desde entonces no ha parado de aumentar, sobre todo en las economías desarrolladas. Con respecto a 2009, la deuda mundial aumentó en 11 puntos porcentuales respecto al PBI. De esta manera, el FMI concluye que el “endurecimiento de las condiciones financieras en muchos países”, debido a las subas de tasas de interés en EE.UU. y al final de los estímulos del BCE, junto a los altos niveles de deuda privada y pública tras varios años de “dinero barato”, es un riesgo a tener muy en cuenta a lo largo de 2019 y 2020. Tan sólo unas semanas atrás, la expresidenta de la Fed, Janet Yellen, manifestó su temor a que se produzca otra gran crisis financiera porque, en su opinión, “hay enormes agujeros en el sistema”. En tal sentido, en una de las áreas donde observó riesgos fue en el mercado de préstamos apalancados que ha crecido de manera muy importante en la última década. Vale recordar que los préstamos apalancados se conceden a empresas con historiales de crédito deficientes, por lo que tienen un mayor riesgo de default y conllevan intereses más altos para esas compañías. Los inversores temen que la enorme montaña de deuda corporativa en EE.UU. se desmorone si las empresas empiezan a tener problemas para refinanciar sus deudas. Sobre todo si las condiciones de los préstamos se endurecen debido al aumento de los intereses en EE.UU. De ahí la preocupación por estos préstamos porque pueden ser el primer eslabón de la cadena que puede quebrarse, como lo fueron las hipotecas “subprime” en 2008. Ocurre que en 2017 ya hubo problemas con los préstamos apalancados lo que afectó directamente a los denominados inversores en CLO (Collateralized Loan Obligation), la mayor fuente de demanda para estos activos. Los inversores que apuestan por las obligaciones de crédito colateralizadas (CLO) compran un activo respaldado por uno de estos préstamos apalancados con baja calificación crediticia, a cambio de asumir el riesgo de default de la empresa reciben una mayor rentabilidad.

Con relación a lo que pasó en 2017 el Fondo señala que:

En el caso de las economías desarrolladas, hubo una reducción en la acumulación de deuda. La deuda privada, aunque ligeramente en aumento, está muy por debajo de su nivel máximo. Además, la deuda pública en las economías avanzadas experimentó una disminución saludable cercana al 2,5% del PBI en 2017. Para encontrar una reducción similar en la deuda pública, debemos retroceder una década, cuando el crecimiento global fue aproximadamente 1 punto porcentual más alto que en la actualidad.

En el caso de las economías de mercados emergentes, estos países continuaron tomando préstamos en 2017, aunque a un ritmo mucho más lento. Un cambio importante se produjo en China, donde el ritmo de la acumulación de deuda privada, aunque todavía alta, se desaceleró significativamente.

Mientras que en los países en desarrollo de bajos ingresos, la deuda pública continuó creciendo en 2017 y, en algunos casos, alcanzó niveles cercanos a los observados cuando los países buscaron el alivio de la deuda.

El FMI advierte que “con el endurecimiento de las condiciones financieras en muchos países (incluye el aumento de las tasas de interés) las perspectivas de reducir la deuda siguen siendo inciertas. Los altos niveles de deuda corporativa y pública acumulados a lo largo de años de condiciones financieras globales fáciles, constituyen una posible falla.Por lo tanto, al cerrar la primera década después de la crisis financiera mundial, el legado de deuda excesiva sigue cobrando importancia”.

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