Acosado por los escándalos, Olmert abandonará el poder
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Casi con lágrimas en los ojos se mostró ayer Ehud Olmert al
anunciar que renunciará en setiembre como primer ministro
de Israel. La duda de los analistas es si su salida demorará
las negociaciones de paz con la Autoridad Palestina.
Desde que este escándalo salió a la luz en mayo último, Olmert ha vivido una auténtica travesía en el desierto, atacado en todos los frentes, incluido el interno. Tanto miembros de su partido -como la titular de Relaciones Exteriores, Tzipi Livni, que se perfila como favorita en las primarias- como sus socios gubernamentales, principalmente los laboristas, lo forzaron a elegir entre elecciones anticipadas o primarias. Consciente de que la oposición es favorita en caso de que se celebren comicios anticipados, Olmert optó por autorizar las primarias partidarias el 17 de setiembre. Eso permitiría al nuevo líder de su partido reemplazarlo en el poder, y evitar al menos por el momento una puja nacional en las urnas.
Pero analistas sostienen que el ala de centroderecha de la coalición que acompaña a Olmert podría no respaldar a Livni, vista por algunos como demasiado moderada, por lo que no descartan que las elecciones anticipadas terminen por concretarse.
Olmert aprovechó su sorpresiva aparición de ayer para lanzar dardos a quienes le dieron la espalda en los momentos difíciles. «Desde el primer día en el cargo fui forzado a esquivar ataques maliciosos, incluso cuando trataba decisiones de peso que afectan a la seguridad y la existencia de Israel», dijo en alusión a las críticas a su gestión del conflicto con la milicia libanesa Hizbollah en el verano boreal de 2006.
Una encuesta del canal 10 de la televisión israelí difundida tras la renuncia mostró que 77% de los israelíes está descontento con el legado de Olmert al frente del Ejecutivo.
Olmert accedió a la jefatura de gobierno en enero de 2006 debido a la enfermedad e incapacidad de Ariel Sharon, prometiendo continuar con las negociaciones de paz con los palestinos, principal objetivo de la creación misma del partido Kadima. La principal incógnita pasa ahora por saber si la salida de Olmert permitirá mantener esos contactos, así como los que se llevan adelante con Siria a través de la mediación de Turquía.
El premier subrayó ayer que en el tiempo que le queda en el cargo seguirá trabajando para alcanzar una paz con sus vecinos que ve «más cerca que nunca». Pero su carácter de jefe de Gobierno saliente hace que su poder de decisión sea nulo sobre aspectos tan delicados como las fronteras del país o un eventual reparto de Jerusalén.
Su más probable sucesora, Livni, ha manifestado reiteradamente su apuesta por el diálogo con los palestinos y lidera el equipo negociador que trata de cerrar un acuerdo de paz antes de fin de año. Ayer mismo, se reunió en Washington con el negociador palestino, Ahmed Qureia, y con la secretaria de Estado Condoleezza Rice, quien admitió que será «difícil» cumplir con ese objetivo. En enero saldrá del poder de George W. Bush.
El segundo candidato más popular de Kadima, el viceprimer ministro Shaul Mofaz, se ha distinguido últimamente por declaraciones de mayor dureza.
Mofaz, quien se ha apresurado a aplaudir el anuncio de Olmert, desencadenó una tormenta política en junio al considerar «inevitable» un ataque israelí a Irán si Teherán mantiene su programa nuclear.
Bush llamó ayer a Olmert para expresarle sus mejores deseos, informó el portavoz del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Gordon Johndroe.
De cara a lo que vendrá tras el relevo del premier el portavoz del Departamento de Estado, Sean McCormack, declaró que «estamos dispuestos a trabajar con cualquier funcionario israelí en el gobierno, ya sea en este gobierno o en futuros gobiernos».




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