Acusado de corrupción, renunció el presidente alemán
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Christian Wulff.
Asimismo, admitió que cometió "errores", pero aseguró que en todo momento actuó "conforme a la ley" y que siempre fue "sincero".
"Los acontecimientos de los últimos días y semanas han demostrado que la confianza (del pueblo alemán), y por tanto, mi efectividad, han quedado seriamente dañadas", explicó Wulff en una breve declaración ante los medios en la que no se admitieron preguntas.
La cámara baja alemana deberá ahora, en una decisión sin precedentes en la historia de Alemania, debatir si retira la inmunidad al presidente y permite a los fiscales abrir una investigación en firme, para lo que basta una mayoría simple.
Tras la dimsión del presidente alemán, Merkel aplazó su viaje previsto a Roma para reunirse con el presidente italiano Mario Monti. La canciler destacó que lo ocurrido pone de manifiesto la fortaleza del Estado en Alemania, que "trata a todos por igual, no importa el cargo que ocupe", enfatizó.
Merkel busca así que el escándalo la salpique lo menos posible, habida cuenta que Wulff llegó al cargo a propuesta suya.
Asimismo, la canciller elogió el hecho de que con su renuncia Wulff diera prioridad al cargo por encima de su convicción de haber obrado siempre correctamente. "Siento mucho respeto por esta actitud".
No obstante, minutos después de que anunciara su dimisión alegando la "pérdida de confianza de la población", Merkel anunció la intención de "entablar conversaciones" con la oposición con el objetivo de proponer un "candidato común para la elección del
próximo presidente".
La dimisión del presidente alemán es la primera en Europa Occidental de un jefe de Estado por sospecha de corrupción en los últimos años.
Si bien también el antecesor de Wulff, el cristianodemócrata Horst Köhler, dimitió, no lo hizo por un escándalo relacionado con algún tipo de delito, sino por unas declaraciones polémicas sobre la intervención en Afganistán.
El 30 de mayo de 2010 Köhler dejó fulminantemente el cargo tras haber asegurado que, en determinados casos, como en Afganistán, se podían justificar intervenciones militares por consideraciones económicas, lo que generó una lluvia de críticas.
El de Wullf es un caso especial, ya que su dimisión por un escándalo de tráfico de influencias salpica al cargo en sí.
Como jefe de Estado, su misión es entendida como la de la máxima instancia moral del país.
Durante el gobierno de Merkel se produjeron ya cuatro dimisiones: además de los dos presidentes citados, tuvieron que renunciar dos ministros de Defensa, uno en activo, Karl-Theodor zu Guttenberg, y otro, Franz-Josef Jung, cuando había asumido la cartera de Trabajo,
Guttenberg, que era una de las estrellas del equipo de Merkel, y había comenzado en su Gobierno como ministro de Economía, acabó dimitiendo el 1 de marzo de 2011 tras salir a la luz que su doctorado había sido un plagio.
Jung tuvo que dejar la cartera de Trabajo por hechos ocurridos en la legislatura anterior, cuando había sido titular de Defensa, si bien tampoco su caso estuvo relacionado con tramas corruptas.
Al político cristianodemócrata se le acusó de haber ocultado información sobre un bombardeo en Afganistán, ordenado por un oficial alemán, y que produjo más de un centenar de víctimas.



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