«El mundo tiene para todos, pues, pero resulta que unas minorías, los descendientes de los mismos que crucificaron a Cristo, se adueñaron de las riquezas del mundo.» La frase, poco feliz por donde se la tome, fue pronunciada por Hugo Chávez el último 24 de diciembre durante una celebración de la Navidad en el Centro de Desarrollo Endógeno Integral Humano «Manantial de los Sueños». Como era de esperar, las reacciones fueron airadas. El Centro Simon Wiesenthal emitió ayer un comunicado en el que «condena enérgicamente» esa declaración, que -considera- recoge «dos argumentos centrales del antisemitismo, tanto en lo que respecta a la acusación a los judíos de haber matado a Jesús, como la asociación de ellos con las riquezas». «Ambos elementos han servido como excusa perfecta para justificar las más crueles persecuciones y matanzas a lo largo de dos milenios», continuó.
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Los dichos del polémico presidente venezolano motivaron una carta firmada por Shimon Samuels, director de Relaciones Internacionales del Centro Wiesenthal, y Sergio Widder, representante para América Latina.
El Centro Wiesenthal calificó la retórica de Chávez como «reaccionaria y medieval» e indicó que «remite a la diatriba negacionista del Holocausto del presidente iraní Mahmoud Ahmedinejad, que ha merecido el rechazo absoluto de la enorme mayoría de la comunidad internacional».
Samuels y Widder agregaron que pedirán «a los gobiernos de la Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, así como ante la Presidencia de la Comisión de Representantes Permanentes del Mercosur, que se suspenda el proceso de incorporación de Venezuela en el bloque mientras Chávez no se disculpe públicamente por sus manifestaciones antijudías».
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