Alberto y Charlene se casaron por iglesia
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El novio vistió el uniforme blanco de verano de la compañía de carabineros y Charlene un espectacular vestido color blanco marfil bordado con cristales, nácar e hilos de oro, diseñado por Giorgio Armani.
Entre los representantes de las familias reales que asistieron a la ceremonia - en la que hubo cantos sudafricanos y coros de niños de Mónaco - figuran los monarcas de Bélgica y Suecia y los príncipes herederos de Dinamarca y Holanda.
La lista de presentes incluye también al conde y la condesa de Wessex, que representan a Inglaterra, así como la familia real de Savoya y el emir de Qatar, que se codearon con presidentes europeos como el francés Nicolas Sarkozy y el alemán Christian Wulff y con celebridades de la moda, como Karl Lagerfeld y Giorgio Armani.
Unos 3.500 monegascos fueron invitados al enlace oficiado por monseñor Bernard Barsi, arzobispo del Principado, que fue retransmitida en grandes pantallas en toda la ciudad-Estado, un enclave de dos kilómetros cuadrados situado entre el mar Mediterráneo y la montaña.
Tras la ceremonia, la pareja recorrió las calles de Mónaco no en carroza, sino en un coche híbrido (que combina motor de combustión y eléctrico) --un Lexus LS 600h Landaulet descapotable-- que el Principado señala como testimonio del interés de Alberto y Charlene por la defensa del medio ambiente.
Siguiendo la tradición, la novia depositó su ramo en la pequeña iglesia de Santa Devota, patrona del Principado, ante quien la princesa Grace depositó el suyo, tras su boda con Rainiero.
Una madre y su hija entonaron cantos a la virgen María en la pequeña iglesia, y la princesa Charlene, visiblemente conmovida, se soltó en esos momentos a llorar.
Los príncipes ofrecerán una recepción a sus invitados, y luego un banquete, que ha sido preparado por uno de los grandes chefs franceses, Alain Ducasse, y al que han sido convidados 500 personas.
El menú unirá "la tierra y el mar" a los sabores mediterráneos, precisó el chef de 54 años, que obtuvo hace dos años la nacionalidad monegasca por orden soberana del príncipe Alberto. Los platos estarán acompañados de vinos Chardonnay de Sudáfrica, país adoptivo de la princesa Charlene.
Un espectáculo de fuegos artificiales pondrá fin a los festejos por el enlace, que por poco no tiene lugar, según fuentes allegadas a la organización de la boda.
Esas fuentes, que no quisieron ser identificadas, confirmaron la "veracidad" de la crisis entre los novios pocos días antes de la boda, y de un probable pedido de reconocimiento de paternidad a Alberto, que tiene ya dos hijos fuera de matrimonio.
Según publicó el martes la revista francesa L'Express, Charlene quería interrumpir los preparativos de boda y regresar a Sudáfrica, pero fue interceptada en el aeropuerto de Niza.
La "fuga" de la futura princesa tenía que ver con "revelaciones" sobre Alberto, escribió la publicación francesa, que agregó que en el último momento se convenció a Wittstock de que volviera a Mónaco y siguiera adelante con los preparativos para la boda principesca.
El palacio de Mónaco calificó de "mentirosas" esas afirmaciones y estimó que "los rumores no tienen otro objetivo que perjudicar gravemente la imagen del soberano y de su prometida.
Los habitantes de este rico principado, un paraíso fiscal, que atrae a grandes fortunas, han dejado claro que más allá de rumores y festejos, lo que les interesa es que Alberto y Charlene tengan rápidamente un heredero, que garantice la continuidad de una dinastía, los Grimaldi, que reina en Mónaco desde hace más de siete siglos.





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