10 de enero 2006 - 00:00

Anarquía en Gaza hace crecer a Hamas

Rafah, Gaza - «Los secuestros se han acabado en Rafah y para demostrárselo, vamos a acompañarladurante su visita». La oferta de Abu Qusai, portavoz de las Brigadas de Al Aqsa, y de sus dos escoltas armados no es una invitación, sino una imposición. Tras comprometerse junto con otras cinco facciones a poner fin a la anarquía en Gaza, los Mártires de Al Aqsa, brazo armado de Al-Fatah, parecen decididos a impedir que un nuevo secuestro agrave su imagen, ya bastante deteriorada por el hecho de que los tiroteos, asaltos a sedes gubernamentales y las tomas de rehenes -19 en pocos meses- que asuelan la Franja sean responsabilidad de miembros de su organización, que ponen así en jaque la autoridad del presidente Abu Mazen.

El último episodio se produjo el miércoles en Rafah, escenario de buena parte de los incidentes. Eran las 3 cuando llamaron a la puerta de Abu Karim despertando al farmacéutico y a sus huéspedes, los padres de la activista estadounidense Rachel Corrie, aplastada por una excavadora israelí en 2003 cuando protegía la casa del palestino. Al abrir, Abu Karim encontró a dos individuos armados. «Me preguntaron si había extranjeros en casa. Les respondí que no, pero sabían que mentía. Los invité a pasar, llamé a los padres de Rachel y, una vez que todos nos sentamos, les expliqué quiénes eran mis invitados.» Los visitantes, miembros de Al-Fatah que pretendían llevarse a los norteamericanos para pedir la liberación de su líder, Ala al-Hams, arrestado por el secuestro de tres británicos, no tardaron en comprender el error que cometían. Pidieron disculpas y desaparecieron.

El recuerdo de Rachel Corrie frustró in extremis el último secuestro registrado en Gaza, un fenómeno que, pese a su novedad, se multiplica de forma alarmante. Trabajadores internacionales y periodistas -los únicos extranjeros con acceso a la Franja- son los afectados por las acciones reivindicadas casi sin excepción por miembros de las Brigadas de Al-Aqsa.

Este grupo se ha convertido en una nebulosa de facciones encabezadas por líderes que velan por sus intereses individuales y que en los últimos tiempos resuelven sus diferencias con las fuerzas de seguridad a tiros, lo que ha generado tal aumento de la violencia que, según dijo el ministro de Exteriores, Naser al-Kidura, «amenaza el proyecto nacional palestino». El sábado, hombres armados de Al-Fatah asaltaron un edificio de la Autoridad Palestina en Gaza desencadenando un tiroteo que se cobró la vida de una persona y provocó heridas a otras tres.

• Reacción violenta

La rama de las Brigadas liderada por Ala al Hams, arrestado por el secuestro de la cooperante británica Kate Burton y sus padres, ejemplifica dicha anarquía. Los seguidores de Hamas reaccionaron ante su detención con una violencia extrema: ocuparon cuatro sedes oficiales y abrieron un boquete con una excavadora robada en el muro que protege la frontera entre Gaza y Egipto, dejandoque centenares de palestinos entraran en territorio vecino y desencadenando un tiroteo con las fuerzas egipcias en el que dos de sus agentes murieron.

A estos episodios se suman las disputas familiares o de clanes dirimidas a tiros y, en los últimos días, los combates entre partidos, como el que costó la vida el jueves a Rami Talal, activista de Hamas, cuando se enfrentó con milicianos de Al-Fatah durante la pegatina de carteles electorales. «No podemos negar que los responsables de los secuestros y la violencia son palestinos, y muchos, miembros de Al-Fatah, pero hay que entender la difícil situación que atraviesa Rafah. Son individuos aislados que secuestran para pedir trabajo o una mejora en sus vidas», justifica Abu Qusai.

Para muchos, el caos es una estrategia de Al-Fatah (que según las encuestas podría perder los comicios en favor de Hamas) para posponer la cita electoral.
De ser así, el error sería mayúsculo, a juicio de Basam Naser, responsable del Centro Palestino para la Democracia y la Resolución de Conflictos. Según Naser, la violencia suma votos para el Movimiento de Resistencia Islámica, el único lo bastante unido y disciplinado para garantizar la seguridad.

Naser culpa de la anarquía a la incapacidad de la Autoridad Palestina a la hora de instaurar el orden. «Tras los secuestros no han tomado medidas especiales porque no saben cómo hacerlo, no tienen profesionales en las fuerzas de seguridad y muchos miembros de Al-Fatah están involucrados en la violencia. Si no saben controlar a sus filas, ¿cómo van a imponerse al resto?»

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