Suele decirse que los dirigentes de los Estados Unidos ignoran a América latina pero, conscientes del valor del voto latino en los comicios presidenciales de noviembre, los candidatos en liza están haciendo esta vez un esfuerzo para incorporar a la región a sus agendas.
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Es, por ejemplo, el caso de Barack Obama, quien necesita conquistar a un electorado que a lo largo de las primarias demócratas se volcó masivamente hacia Hillary Clinton pero que aún lo mira con desconfianza. Por eso, la semana pasada brindó precisiones sobre lo que, de llegar a la Casa Blanca, serían sus políticas hacia Cuba, Hugo Chávez, Colombia y una variedad de temas.
Consultado por la agencia noticiosa « Reuters», su equipo de campaña resumió sus principales propuestas para la región. De ello surge, por caso, una relación privilegiada con Brasil con eje en los biocombustibles, así como un llamativo desinterés por la Argentina, que no es mencionada por sus asesores. ¿Es para conformarse que, si bien el país no es mencionado en clave de amenaza, tampoco lo sea como una oportunidad o un socio de valor? A continuación, lo principal de las propuestas de Obama reseñadas a «Reuters» por su equipo de campaña:
DIPLOMACIA. Obama defiende « reconstruir los lazos diplomáticos con América latina», con una expansión del liderazgo estadounidense en la región y bajo un marco democrático, teniendo como norte el combate a «amenazas comunes» como el narcotráfico, redes de delincuentes internacionales y el terrorismo. Plantea ayudar en la lucha contra la pobreza, los problemas sanitarios y el calentamiento global. Promete reinstaurar el cargo de «enviado especial» para Latinoamérica y el Caribe -eliminado por George W. Bush-para elevar el nivel de las relaciones.
DEUDA. Ofrece perdonar la totalidad de las deudas de países pobres como Bolivia, Guyana, Haití, Honduras, Paraguay y Santa Lucía.
COMERCIO. Defiende una política de «comercio justo», que consiste en el uso de tratados para expandir buenos empleos y prácticas ambientales sostenibles. Se opone al Tratado de Libre Comercio (TLC) con Colombia y propone reformar el NAFTA con México y Canadá para que no afecte a los trabajadores estadounidenses.
SOCIO PRIVILEGIADO. Será Brasil, con especial énfasis en la promoción de inversiones en formas de energía alternativas al petróleo. Obama afirma que ese país tiene un gran potencial en energías renovables y menciona que es el principal productor mundial de etanol en base a caña de azúcar. Con todo, alerta que ese liderazgo genera preocupación respecto de la deforestación de la Amazonia.
Aunque -cautivo del electorado de Illinois, su estado natal, donde se produce biocombustible a partir del maíz-se opone a reducir el arancel de 54 centavos de dólar por galón impuesto al etanol brasileño, dice que apoyará un trabajo conjunto para expandir la oferta de combustibles en América latina.
CUBA. Plantea levantar las restricciones impuestas por Bush para viajes y envíos de dinero de cubano-estadounidenses a la isla. También propone la adopción de medidas para «liberalizar» las relaciones con Cuba e incentivar la diplomacia bilateral sin levantar en un principio el embargo económico de casi cinco décadas. Sin embargo, sostiene que Estados Unidos debe estar preparado para normalizar relaciones y suavizar dicho embargo si el régimen comunista comienza a abrirse a la democracia y libera a presos políticos.
COLOMBIA. Promocionar la seguridad y el combate al cultivo y comercio de drogas ilícitas. Crear y reforzar instituciones civiles que contribuyan a la paz tras décadas de conflicto armado. Pese a que Estados Unidos da a Colombia más de 600 millones de dólares al año en ayuda para el combate al narcotráfico y la guerrilla izquierdista, Obama defiende «hacer más» para reducir esos flagelos, lo que incluye seguir apoyando el llamado «Plan Colombia». Se opone al TLC con Colombia hasta que el gobierno de Alvaro Uribe mejore la protección a trabajadores sindicalizados y evite la impunidad.
VENEZUELA. Contrarrestar la retórica agresiva de Hugo Chávez mediante el restablecimiento del liderazgo de Estados Unidos en la región.
INMIGRACION. Promete reformar el sistema de inmigración, mejorar la burocracia estatal y asegurar la ciudadanía a unos 12 millones de extranjeros indocumentados que viven en Estados Unidos, principalmente mexicanos.
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