20 de enero 2004 - 00:00

Arte y pasiones fuertes

La obra era vanguardista y provocativa. Un recipiente con agua teñida de rojo sobre la que navegaba un bote llamado Blancanieves.

Además llevaba la foto de una terrorista suicida palestina
.

Al ver la obra, el embajador de Israel en Suecia, Zvi Mazel, se sintió agredido y desconectó varios focos que la iluminaban, lanzó uno de ellos al agua e intentó retirar el bote con el retrato de la kamikaze. Según el diplomático, lo que intentó hacer fue repudiar la glorificación de los terroristas suicidas y evitar la promoción de nuevos atentados.

El hecho, producido en el Museo Histórico de Estocolmo, donde se inauguraba una exhibición privada, provocó un fuerte entredicho entre los dos países.

El embajador fue convocado ayer a la Cancillería sueca, donde recibió una protesta formal por su «inaceptable actuación». Pero el primer ministro israelí, Ariel Sharon, manifestó su «total apoyo» a Mazel y hasta lo llamó por teléfono para agradecerle personalmente por haber asumido una «postura firme contra el antisemitismo». El ministro israelí de Seguridad Interior, Zahi Hanegbi, incluso propuso una condecoración para el embajador. «Si hay una situación en la que un embajador debería mostrarse poco diplomático, es ésta», dijo.

Ajeno a la polémica internacional, el director del Museo Histórico de Estocolmo, Christian Berg, afirmó que «de ningún modo» retirará la polémica exhibición.

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