10 de julio 2007 - 00:00

Asalto a mezquita de Al-Qaeda en Pakistán

Islamabad (EFE, AFP, Reuters, ANSA) - El ejército paquistaní lanzó, al cierre de esta edición, un fuerte ataque contra la Mezquita Roja de la capital, luego del fracaso de las negociaciones con los terroristas que la mantenían tomada hace una semana junto a entre 300 y 500 rehenes. Según fuentes oficiales habría «numerosas víctimas».

El antiguo primer ministro Chaudry Shujaar confirmó que los esfuerzos por resolver el conflicto de manera pacífica habían fracasado después de «desesperadas» once horas de negociaciones con los extremistas, liderados por el clérigo Abdul Rashid Ghazi. Entre otros beneficios, el gobierno le ofrecía al líder religioso, si accedía a rendirse, arresto domiciliario.

Según testigos presenciales, las tropas habían logrado ingresar esta madrugada en la mezquita. Medios locales también indicaban que se estaban produciendo violentos tiroteos y explosiones,y que al menos 21 niños cautivos habían podido escapar.

La paciencia del presidente Pervez Musharraf había comenzado a desaparecer luego que un coronel del ejército falleciera el domingo por disparos de los milicianos, lo que endureció las posiciones del gobierno.

Durante la semana, mientras Musharraf lanzaba su beligerante aviso de «muerte o rendición», el líder de los islamistas encerrados en el templo, subrayaba que sus seguidores morirán como mártires antes que entregarse. Lo que Ghazi espera es que sus muertes sirvan para desatar una revuelta islamista en todo Pakistán.

«Tenemos una fe firme en Dios y en que nuestra sangre conducirá a una revolución», había declarado el clérigo radical en un comunicado publicado por los periódicos nacionales. «Dios mediante, la revolución islámica será el destino de esta nación», añadió.

En un principio, el Musharraf era reacio a ordenar un asalto a gran escala contra la Mezquita Roja, que se alza a poca distancia de su oficinaen Islamabad, por miedo a desatar un baño de sangre.

Para prevenir que haya víctimas inocentes, las tropas paquistaníes habían evitado un ataque directo y empleado tácticas psicológicas, sometiendo al templo a ráfagas intermitentes de ametralladoras y explosiones, con la esperanza de que los terroristas abandonaran la lucha. No tuvieron poco éxito. Desde el viernes, sólo 41 personas habían abandonado el templo.

Sin embargo, tras la muerte del coronel, el asalto a la Mezquita Roja había comenzado a perfilarse. «El gobierno podría repensar su estrategia», había advertido el viceministro de Información, Tariq Azeem.

Según los informes, el líder islamista permanecía en un búnker en el sótano del templo, rodeado por sus incondicionales, unos 50 milicianos algunos de los cuales tenían experiencia en combate en Cachemira y Afganistán.

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