Las autoridades acusaron a un hombre con problemas mentales del atentado a un subte en Corea del Sur que causó conmoción en el país.
Daegu, Corea del Sur (Reuters, EFE, AFP, ANSA, DPA) -Al menos 134 personas murieron, 99 se encuentran desaparecidas y centenares, heridas, como consecuencia de un atentado perpetrado ayer contra dos trenes subterráneos en Corea del Sur, atribuido por las autoridades a un hombre con perturbaciones mentales.
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La policía de la ciudad de Daegu, donde se produjo el ataque y ubicada 200 kilómetros al sudeste de Seúl, detuvo dos horas después del ataque a su probable autor, identificado como Dae Hwan. El hombre había logrado escapar del lugar de la masacre, pero sufrió quemaduras en varias parte del cuerpo y fue internado en un hospital.
Conductor de taxi, de 56 años, casado y con dos hijos, en 2001 fue declarado discapacitado por una parálisis de la mitad derecha de su cuerpo, provocada, según parece, por un tratamiento equivocado al que fue sometido en una clínica de medicina oriental. Otras fuentes afirman que el hombre tiene antecedentes de internación por enfermedades mentales.
Según los familiares interrogados por la policía, ayer salió de su casa gritando que quería incendiar la clínica que causó su ruina, pero perpetró su ataque en el tren subterráneo al que subió.
Un testigo dijo que a las 10 hora local el hombre prendió fuego un cartón de leche que contenía un líquido inflamable y que lo lanzó hacia un vagón. Las autoridades indicaron que un segundo tren llegó entonces a la estación de Jungangro, por lo que había 600 personas en el lugar en el momento en que se desató el incendio. Algunos pasajeros trataron de impedir la acción precipitándose sobre el hombre, que logró, sin embargo, lanzar la botella incendiaria.
Las puertas del vagón permanecieron cerradas, quizá debido a que el calor destruyó los mecanismos de seguridad.
«En realidad, nadie conoce aún el número exacto de víctimas -admitieron fuentes de la policía-, ya que muchos otros cadáveres se encuentran en los vagones. Pero están tan carbonizados y tan fusionados con los restos materiales, que es imposible identificarlos. Tendríamos necesidad de la intervención de médicos legistas para contar nuestros muertos.»
Más de 700 cuerpos de bomberos trataron de intervenir, pero el caos de la estación subterránea, donde los pasajeros que intentaban escapar vivieron momentos de pánico, obstaculizó las operaciones de socorro.
El incendio recién pudo ser controlado después de tres horas y media, mientras el humo se propagaba al exterior obligando a centenares de comercios de la zona a cerrar sus puertas y creando gigantescos embotellamientos.