7 de abril 2007 - 00:00

Benedicto XVI presidió la Vigilia Pascual en la basílica de San Pedro

Benedicto XVI.
Benedicto XVI.
Ciudad del Vaticano (ANSA) - El papa Benedicto XVI, al término de la homilía de la Vigilia Pascual en la Basílica de San Pedro suplicó ayer a Cristo para que ilumine "las noches" y "los infiernos" de nuestros tiempos, para salvar a la humanidad "que espera" y llevarla finalmente a la "luz".

"Señor -invocó el papa Ratzinger- demuestra también hoy que el amor es más fuerte que el odio. Que es más fuerte que la muerte misma. Desciende en las noches y el interior de éste, nuestro tiempo moderno, y toma de la mano a aquellos que esperan".

"Llévalos a la luz. Desciende en mis noches oscuras conmigo y condúceme fuera.
Ayúdame, ayúdanos a descender contigo en la oscuridad de los que esperan, de los que claman desde lo profundo hacia ti. Ayúdanos a llevarles tu luz. Ayúdanos a llegar al 'amor", que nos hace descender y precisamente así subir contigo", pidió el Papa.

Las palabras de Ratzinger sellaron uno de los ritos más sugestivos de la liturgia católica, el de la Vigilia del Sábado Santo, la "Madre de todas las vigilias" como la llamaba San Agustín (354-430 D.C., uno de los cuatro doctores de la Iglesia).

Durante la Vigilia Pascual la Iglesia revive las horas de la espera tras la muerte de Jesucristo en la Cruz y su "descenso a los infiernos", y luego festeja la alegría de su resurrección.

El Papa recorrió solemnemente, en las primeras fases de la celebración, una basílica vaticana silenciosa y envuelta por la oscuridad.

Luego, imprevistamente encendió un brasero de donde surgió la luz del fuego, emblema de la resurrección sobre las tinieblas, y resonó el canto del "exsultet".

El papa Benedicto XVI, prendiendo la llama del brasero, encendió el cirio pascual y, mientras la llama se extendió de candela en candela, dio inicio, poco después de las 22 hora local a la procesión hacia el altar, seguido por cardenales, obispos y sacerdotes.

Tras las lecturas sacras y la homilía, llegó el momento del bautismo de un grupo de adultos y niños, significando el renacer a una nueva vida.

En esta ocasión, el grupo de adultos estaba formado exclusivamente por mujeres, de ellas cuatro asiáticas -dos chinas (bautizadas junto a sus hijos) y dos japonesas- una cubana y una camerunesa.

La presencia de la mujer asiática en este rito es una prueba de la importancia para la Iglesia del rol de las mujeres y de Asia, continente donde el catolicismo es minoritario y donde se espera que se expanda, comenzando por China.

Si se excluyen las Filipinas, los católicos son una pequeña minoría en Asia, sobre todo en China, país por el cual la Santa Sede manifiesta creciente interés.

De hecho, una creyente china llevó anteanoche por un trecho la cruz del Vía Crucis del Papa en el Coliseo.

La Víspera Pascual constituye de hecho una introducción a la solemne misa pascual que el Papa celebrará hoy en la Plaza de San Pedro.

Tras la misa, el Pontífice impartirá la bendición "urbi et orbi" (a la ciudad y al mundo).

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