Berlusconi hace lo que no se puede en el país
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Silvio Berlusconi impuso desde su nueva asunción como primer ministro una política de dureza contra el delito y la inmigración ilegal. Avanza en una línea que prometió durante su campaña electoral pese a las críticas de la oposición y de algunos gobiernos europeos.
Roma será la ciudad que contará con más militares en labores de patrulla, en total 195 soldados, mientras 170 estarán en Milán, 150 en Nápoles, 90 en Bari y 80 en Turín. Su labor será de seguridad pública y no de policía judicial, con lo que sólo podrán practicar detenciones en situación de flagrante delito, realizarán las patrullas a pie y portarán armas cortas.
La Russa indicó que los soldados que vigilarán las calles están siguiendo un curso específico de formación y que muchos de ellos han realizado labores de patrulla en misiones de paz en el extranjero.
En cuanto a las labores de vigilancia en objetivos y sitios sensibles, los militares actuarán en 51 lugares de Roma, 20 de Milán y uno de Nápoles. Sus normas de actuación serán establecidas por los alcaldes y los comités de orden y seguridad, indicó el ministro de Interior.
El partido Pueblo de la Libertad de Silvio Berlusconi llegó al poder en las elecciones de abril prometiendo mano dura contra la inmigración ilegal y la delincuencia, fenómenos que relaciona el oficialismo. El primer ministro rechazó las críticas de la oposición, afirmando que está exagerando el problema.
La inmigración saltó a lo más alto de la agenda política después de una serie de crímenesrelacionados con inmigrantes ilegales. La semana pasada, el gobierno declaró el estado de emergencia para atender la llegada de sin papeles, dando poderes especiales a la policía y las autoridades locales (ver nota aparte).
El Partido Demócrata ( centroizquierda), principal de la oposición, ya criticó la medida cuando fue anunciada al considerar que se militariza el país.
«Sacar el Ejército a las calles es esencialmente un ejercicio de construcción de imagen que se arriesgan a que se vuelva en su contra», dijo Marco Minniti, «ministro de Interior en la sombra» de la oposición. «Soldados patrullando el centro de ciudades que son nuestra mayor atracción turística no son una postal muy bonita para Italia en el momento culminante de la temporada turística», añadió.
Minniti y otros miembros de la oposición han acusado al gobierno de intentar salvar la cara tras el malestar creado en las fuerzas de seguridad por los recientes recortes presupuestarios.
Antonio Di Pietro, ex juez y diputado, dijo que las medidas serán tan eficaces como «lavarse la cara con agua sucia», y añadió que la solución real no es llamar al Ejército sino dar más recursos a la policía.
Los sindicatos de policía también se mostraron críticos. El secretario general del Cosip, Franco Maccari, señaló, citado por el diario «La Repubblica», que «los problemas de seguridad pública son concretos», a la vez que consideró el empleo del Ejército como «sólo una operación de fachada». Para el secretario nacional del sindicato Consap, Giorgio Innocenzi, «los militares sirven para encauzar las emergencias», pero en Italia la criminalidad no es tal, sino «un problema estructural que para resolverlo son necesarios medios y fondos para las fuerzas del orden que actúan en el territorio».




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