27 de octubre 2005 - 00:00

Bush acumula complicaciones

Barcelona -. Cuatro frentes ocupan estos días simultáneamente la atención de la administración del presidente George W. Bush en Medio Oriente. Cada uno, un dolor de cabeza más preocupante que el otro. Apenas se despide de un atribulado Mahmud Abbas (Abu Mazen), llega el perturbador informe sobre la escandalosa implicación de las autoridades sirias en el asesinato del ex primer ministro libanés Rafic Hariri. Mientras, el régimen iraní prosigue su insensata carrera nuclear, sin que la así llamada comunidad internacional pueda impedirlo. ¿Y en Irak? Parece olvidado el triunfal paseo militar de las fuerzas norteamericanas y su coalición.

La cumbre Bush-Abbas viene poco después de otra cumbre, la que no tuvo lugar, la de Abbas y el primer ministro Ariel Sharon. Pospuesta porque ambas partes llegaron a la conclusión de que poco o nada lograrían, demuestra, si hace falta, que israelíes y palestinos están aún lejos de reconducir el proceso de paz, pese al auspicioso momento creado por la retirada israelí de Gaza y del norte de Cisjordania.

• Anarquía

Bush «confía en la creación de un Estado palestino» y asegura que «los palestinos están más cerca de lograr sus aspiraciones». Pero no, los palestinos no están en estos días más cerca de establecer su propio Estado.

A juzgar por la anarquía en los territorios palestinos, que linda en el caos en Gaza, la incapacidad y/o la falta de voluntad política de la Autoridad Palestina para imponer la ley y el orden, y la impune violencia de las bandas armadas que se han hecho con la calle palestina, aún estamos lejos de ver en el horizonte un atisbo de paz. ¿Hasta cuándo se puede repetir, sin cansar al lector, la frase de Abba Eban, de décadas atrás, de que los palestinos «jamás desperdician la oportunidad de perder una oportunidad»?

Pero también los israelíes están atrapados por condicionamientos internos. El dilema de Sharon: si otorga nuevas concesiones a los palestinos (la administración Bush presiona, por el momento en pequeñas dosis, para que así lo haga), sus opositores en el partido intentarán defenestrarlo, acusándolo de que la desconexión es causa de la nueva espiral terrorista palestina. De no hacerlo, lo más probable es que contribuya a deteriorar aun más la posición de Abbas.

En Irak llegó por fin el día del juicio a
Saddam Huss ein, pero días antes tuvo lugar el referendo sobre la Constitución, un hito en el camino a la rehabilitación del país, pero, por el momento, reina el caos. Es evidente que aún queda mucho por hacer en el largo y sinuoso camino por recorrer hacia la estabilización. Se exige una gran dosis de madurez política de todas las partes, editorializó «The New York Times», agregando que esto tendrá que hacerse en medio de una brutal insurgencia, con unas lastimosamente inadecuadas fuerzas de seguridad iraquíes y una presencia militar norteamericana cada vez más impopular. Sólo sólidos acuerdos entre las grandes fuerzas étnico-políticoreligiosas crearán las condiciones para una reforma sustancial. Aquí espera una ingente tarea a una administración carente de ideas y cuya política genera una creciente disconformidad, incluso en la opinión pública de su propio país.

Por su parte,
Irán, en abierto desafío a la comunidad internacional, ignora sus advertencias reanudando (si es que algún día la interrumpió) su carrera nuclear. No merecen credulidad los ya rituales desmentidos de sus autoridades de que su programa nuclear no persigue propósitos militares. Las indicaciones de que lo intenta sobran. ¿Cuáles son las opciones de la comunidad internacional? Una sola: multiplicar la presión, incluyendo, de ser necesario, la aplicación de severas sanciones económicas y políticas, pese a las amenazas de Teherán.

¿Y Siria? Las pruebas contra un régimen anfitrión de terroristas y que nada ha hecho para impedir el flujo de militantes islámicos a la vecina Irak son abrumadoras. «No podemos convivir sin hacer nada con el espectro de un Estado y sus organismos de seguridad, habiendo estado implicado y habiendo participado en el asesinato de un primer ministro», declaró la secretaria de Estado, Condoleezza Rice. ¿Significa esto que Estados Unidos se prepara para intervenir también en Siria? Imponer orden desde afuera y echar del poder a la dinastía de El-Assad podrían traer en su lugar un régimen islámico. Otro desafío en puerta para Estados Unidos.

El papel de Estados Unidos en Medio Oriente como única superpotencia dominante seguirá siendo difícil y controvertido. La profundización del diálogo entre ambos lados del Atlántico es imperativa y su gran desafío será la búsqueda de propósitos compartidos, escribió el ex secretario de Estado
Henry Kissinger en el semanario «Newsweek».

(*) Primer embajador de Israel en España y ante la Santa Sede.

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