El presidente norteamericano George Bush afirmó hoy en Miami que en Cuba no habrá libertad bajo el actual gobierno del presidente Fidel Castro y sostuvo que la Política actual de su gobierno es actuar contra sus enemigos antes de que ellos actúen contra Estados Unidos, con lo que mantuvo su teoría de ataques militares preventivos y sugirió la posibilidad de aplicarla contra La Habana.
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"La mejor forma de asegurar a los Estados Unidos es encontrar al enemigo antes de que el enemigo venga a nosotros", dijo Bush. El presidente habló durante un almuerzo para recaudar fondos electorales hacia la reelección en el Hotel Hilton cerca del aeropuerto de Miami.
Según los analistas, la retórica de Bush sobre Cuba dejó entrever que el mandatario no tiene interés en desmentir directamente las acusaciones de La Habana en el sentido de que Washington podría declararle una guerra.
Desde la intervención militar angloamericana en Irak, el gobierno cubano viene insistiendo en que algo similar podría ocurrir con Cuba.
Bush, por su parte, abordó el tema de la lucha contra el terrorismo al momento de hablar sobre Cuba, que aparece en la lista de países que apoyan a agrupaciones terroristas, según el Departamento de Estado norteamericano.
"La libertad está en el corazón de todos los seres humanos y nosotros creemos en una Cuba libre", expresó Bush.
Previamente se reunió con un grupo de personas de edad avanzada, en su gran mayoría latinoamericanos, en el Centro de Salud y Nutrición de la Pequeña Habana (comunidad cubana de Miami).
La mayor parte de su discurso en ese lugar la dedicó a prometer a las personas retiradas el acceso sin costo alguno a cualquier tipo de medicina, un beneficio social largamente deseado por los pensionados en Estados Unidos.
En el hotel, Bush agradeció a los cubanos su cooperación en la recaudación de fondos para su campaña de reelección. Se estima que, tras sus visitas a Miami y Tampa de hoy, el mandatario agregará otros dos millones a su cuenta de donaciones.
Los analistas estiman que para el próximo año el presidente republicano habrá acumulado cerca de 200 millones de dólares para gastarlos en proselitismo.
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