Bush más afectado por las muertes en Irak
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"No entiendo por qué nos critican por ser optimistas sobre Irak", se queja George W. Bush. "Yo tampoco", dice su vice, Dick Cheney, convertido en porrista por el humorista Gary Markstein, de Copley News Service.
• Estrategia
Estados Unidos invadió Afganistán poco después de los atentados del 11 de setiembre de 2001 contra el Pentágono y las Torres Gemelas de Nueva York, como parte de su estrategia para combatir a grupos terroristas internacionales, en particular, los de matriz islámica.
Según el presidente, «los terroristas están fracasando. Pueden matar inocentes, pero no pueden detener el avance de la libertad».
«La única manera en que nuestros enemigos pueden tener éxito es si olvidamos las lecciones del 11 de setiembre», dijo. Mientras, en el terreno, se siguen acumulando las malas noticias para EE.UU.
Entre otros hechos de violencia, insurgentes asesinaron ayer a Dhari Ali al-Fayadh, un prominente miembro chiita del Parlamento de Irak, a su hijo y a tres guardaespaldas cuando un terrorista suicida impactó la caravana en que viajaban con un automóvil cargado de explosivos en las afueras de Bagdad.
Mientras, marines estadounidenses debieron lanzar la mayor ofensiva de la guerra en el oeste del valle del Eufrates contra los rebeldes sunnitas, apelando al envío de 1.000 soldados y 100 efectivos iraquíes. Por otro lado, un ruso musulmán que estuvo 18 meses en la prisión de Guantánamo (Cuba) dijo que vio a soldados estadounidenses tirar copias del Corán en los inodoros, declaración que confirma una versión periodística difundida en mayo por la revista «Newsweek», la que causó fuerte revuelo.
«Bajo nuestras miradas tiraban el Corán en los inodoros. Lo hacían en forma regular, con un objetivo de provocación, para suscitar las protestas de los detenidos», contó Airat Vakhitov en una conferencia de prensa difundida por la agencia rusa «Ria-Novosti».
En tanto, los senadores demócratas Ron Wyden y Ben Nelson pidieron al Congreso que defina un «estatus legal preciso» para los alrededor de 500 detenidos en la base naval de Guantánamo, considerados por Washington como « combatientes enemigos» y, por lo tanto, sin derecho a apelar a la Justicia.




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