29 de junio 2005 - 00:00

Bush más afectado por las muertes en Irak

No entiendo por qué nos critican por ser optimistas sobre Irak, se queja George W. Bush. Yo tampoco, dice su vice, Dick Cheney, convertido en porrista por el humorista Gary Markstein, de Copley News Service.
"No entiendo por qué nos critican por ser optimistas sobre Irak", se queja George W. Bush. "Yo tampoco", dice su vice, Dick Cheney, convertido en porrista por el humorista Gary Markstein, de Copley News Service.
Washington (ANSA, Reuters, AFP, EFE) - El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, admitió ayer que la situación en Irak es «difícil y peligrosa», pero aseguró a sus compatriotas que la ocupación es «vital para la seguridad» de los norteamericanos y se negó a presentar un cronograma de salida de las tropas.

En el primer aniversario del traspaso del poder a un gobierno provisional iraquí, Bush viajó ayer a la base de Fort Bragg, en Carolina del Norte, desde donde dirigió un mensaje al país en el horario televisivo central, durante el cual explicó las razones de la permanencia estadounidense en Irak a pesar de la creciente violencia y el rechazo de la opinión pública.

«Como todos los estadounidenses, veo las imágenes de violencia y baños de sangre» en Irak, dijo Bush. Cada una de esas imágenes «es horripilante» y «el sufrimiento es real», reconoció el presidente, cuyo grado de aprobación sobre el manejo de la situación en Irak entre los estadounidenses cayó a 40%, contra 58% de desaprobación, según la última encuesta de Gallup.

De acuerdo con ese sondeo, publicado por el diario «USA Today» y la cadena CNN, más de la mitad de los estadounidenses opina que fue un error el envío de tropas a Irak, y 53% desaprueba la gestión de Bush. Como contrapartida, el apoyo a su gobierno cayó a 45%, el menor de todo su mandato.

Desde que comenzó el conflicto en Irak ya han muerto 1.740 soldados estadounidenses y unos 140.000 siguen desplegados en ese país. Bush dijo saber que «los estadounidenses se están preguntando si vale la pena el sacrificio» de soldados norteamericanos en Irak. Para el presidente, «sí vale la pena», ya que la ocupación de Irak (que Estados Unidos invadió en marzo de 2003 con la intención de remover armas de destrucción masiva que nunca fueron encontradas) «es vital para la seguridad futura».

Bush llegó por la tarde a Fort Bragg y se reunió con los familiares de 33 soldados muertos en Irak y Afganistán.

• Estrategia

Estados Unidos invadió Afganistán poco después de los atentados del 11 de setiembre de 2001 contra el Pentágono y las Torres Gemelas de Nueva York, como parte de su estrategia para combatir a grupos terroristas internacionales, en particular, los de matriz islámica.

Según el presidente, «los terroristas están fracasando. Pueden matar inocentes, pero no pueden detener el avance de la libertad».

«La única manera en que nuestros enemigos pueden tener éxito es si olvidamos las lecciones del 11 de setiembre», dijo. Mientras, en el terreno, se siguen acumulando las malas noticias para EE.UU.

Entre otros hechos de violencia, insurgentes asesinaron ayer a Dhari Ali al-Fayadh, un prominente miembro chiita del Parlamento de Irak, a su hijo y a tres guardaespaldas cuando un terrorista suicida impactó la caravana en que viajaban con un automóvil cargado de explosivos en las afueras de Bagdad.


Mientras, marines estadounidenses debieron lanzar la mayor ofensiva de la guerra en el oeste del valle del Eufrates contra los rebeldes sunnitas, apelando al envío de 1.000 soldados y 100 efectivos iraquíes. Por otro lado, un ruso musulmán que estuvo 18 meses en la prisión de Guantánamo (Cuba) dijo que vio a soldados estadounidenses tirar copias del Corán en los inodoros, declaración que confirma una versión periodística difundida en mayo por la revista «Newsweek», la que causó fuerte revuelo.

«Bajo nuestras miradas tiraban el Corán en los inodoros. Lo hacían en forma regular, con un objetivo de provocación, para suscitar las protestas de los detenidos», contó Airat Vakhitov en una conferencia de prensa difundida por la agencia rusa «Ria-Novosti».

En tanto, los senadores demócratas
Ron Wyden y Ben Nelson pidieron al Congreso que defina un «estatus legal preciso» para los alrededor de 500 detenidos en la base naval de Guantánamo, considerados por Washington como « combatientes enemigos» y, por lo tanto, sin derecho a apelar a la Justicia.

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