11 de noviembre 2002 - 00:00

Bush y Blair aceleran sus planes bélicos contra Irak

El Cairo y Washington (Reuters, EFE, AFP, ANSA) - El gobierno iraquí se encontraba ayer bajo intensa presión para aceptar una nueva resolución de la ONU orientada a desarmarlo, luego de que funcionarios de EE.UU. y Gran Bretaña advirtieron a Saddam Hussein que enfrentará una guerra si no coopera, y en medio de informes acerca de supuestos planes para una acción militar con unos 250.000 soldados norteamericanos.

En un comunicado conjunto luego de una reunión que tuvo lugar en la última jornada en El Cairo, los ministros de Relaciones Exteriores de la Liga Arabe recibieron con agrado la resolución, aunque también hicieron una advertencia ante una eventual operación militar contra Irak. «Los países árabes rechazan totalmente cualquier tipo de ataque contra Irak como una amenaza para la seguridad nacional de todos los países árabes», dijo el comunicado.

Con el plan de guerra prácticamente ultimado, el gobierno de EE.UU. avisó que, en cualquier caso, se reserva «la opción militar». «Desde luego, el presidente mantiene muy abierta la opción militar», indicó la consejera de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Condoleeza Rice, acerca de la aparente preparación por parte del Pentágono de una estrategia para la invasión de Irak. Al respecto, el diario «The New York Times» publicó que, antes de la votación el pasado viernes en la ONU, el presidente George W. Bush aprobó un plan de guerra contra Irak cuyas líneas maestras estarían prácticamente ultimadas. De acuerdo con el plan del Pentágono, recogido también por «The Washington Post», en la invasión de Irak participarían entre 200.000 y 250.000 efectivos, que atacarían por tierra, mar y aire. «Aunque no queremos matar a muchos soldados iraquíes, si estúpidamente nos enfrentan, lo haremos», dijo un alto oficial militar al diario neoyorquino. «Si se produce una acción militar, pensamos que sería inteligente que los altos oficiales del régimen iraquí deserten y esperamos que lo hagan», dijo por su lado Powell.

•Británicos

«The New York Times» indica que en el ataque militar liderado por EE.UU. participarían también miles de tropas del Reino Unido, el único país que contribuirá de forma significativa a las fuerzas de tierra, según fuentes del Pentágono no identificadas. La guerra comenzaría con un ataque aéreo de menos de un mes -centrado sobre todo en los centros de poder en Bagdad-y se basaría en capturar rápidamente territorio iraquí, para no depender de la colaboración de países vecinos.

Al respecto, el ministro de Defensa británico, Geoff Hoon, admitió que su gobierno también comenzó a prepararse para una posible intervención militar.

Luego de casi dos meses de debates, el Consejo de Seguridad votó el viernes pasado en forma unánime una resolución que da a Irak siete días (próximo viernes) para responder sobre el nuevo régimen de inspecciones de armamento de la ONU y da luego una lista detallada de sus programas de armas de destrucción masiva, que Bagdad niega tener. La resolución, presentada por Washington y Londres, endureció el régimen de inspecciones en Irak y dio una «última oportunidad» a Bagdad para que se ajuste a sus peticiones de desarme. Reunidos en Nueva York, los quince miembros del Consejo adoptaron la Resolución 1.441. Incluso Siria, único país árabe del Consejo y que había pedido en vano un aplazamiento de la votación, respaldó el texto.

El secretario general de la Casa Blanca,
Andrew Card, declaró en la última jornada que EE.UU. «no necesita permiso de la ONU» para atacar a Irak. Si Irak viola sus obligaciones estipuladas en la resolución del Consejo de Seguridad, «la ONU puede reunirse y discutir, pero nosotros no necesitamos su autorización», dijo Card durante una entrevista. Los responsables del gobierno norteamericano dejaron ver que son «muy escépticos» sobre el cumplimiento iraquí, en palabras de Rice, quien calificó de «ridícula» la convocatoria del Parlamento hecha por el presidente de Irak, Saddam Hussein.

En la última jornada, el presidente iraquí convocó a la Asamblea Nacional para discutir la nueva resolución de la ONU, en una fecha que no se ha precisado.

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