Caos y violencia en Nueva Orleans
• Resta evacuar a 200.000 personas • Por violencia y saqueos, suspenden rescates • Enviaron miles de soldados para controlar la situación • George Bush prometió «tolerancia cero» a delincuentes • El alcalde de la ciudad emitió ayer un SOS desesperado: no había comida para evacuados ni condiciones sanitarias adecuadas • Crece el peligro de epidemias • En sesión especial, el Congreso aprobaría ayuda por u$s 10.000 millones • Críticas a Bush por lentitud en reacción • Siguen hablando de miles de muertos.
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Nueva Orleans, vista desde el espacio, antes y después de que fuera cubierta por las aguas (arriba). Policías custodian a un grupo de prisioneros del presidio de Orleans Parish a punto de ser trasladados (abajo izquierda). La inmensidad de la inundación de Nueva Orleans y la desolación de la imagen de una mujer muerta. La violencia y los saqueos en la ciudad siguen demorando la necesaria recolección de los cuerpos. (abajo derecha)
Actualmente, más de 5.000 miembros de la Guardia Nacional están desplegados en los estados más golpeados, según el Pentágono.
Además, buques de desembarco de los marines llevaban ayuda a los pobladores bloqueados en la ciudad inundada.
La gobernadora de Louisiana, Kathleen Blanco, repitió ayer su llamado para que sus habitantes abandonen Nueva Orleans. «Rogamos a la gente que se vaya», dijo, e instó a que sólo personal de emergencia permanezca en la ciudad, que quedó inundada en 90%.
A pesar de que se logró evacuar a más de un millón de personas desde que el huracán Katrina enfiló hacia la costa estadounidense en el Golfo de México, al menos otras 200.000 permanecen atrapadas en la devastada ciudad, dijo el alcalde de Nueva Orleans, Ray Nagin.
Allí, la inseguridad, la violencia y los saqueadores armados se convirtieron en uno de los mayores problemas para las tareas de rescate, al punto que las autoridades debieron suspender por momentos las tareas de evacuación y rescate.
A primera hora de ayer, después de que unos pocos colectivos evacuaran hacia Houston a varios centenares de refugiados en el estadio Superdome, el proceso fue suspendido después que un helicóptero de la Guardia Nacional recibiera disparos en Nueva Orleans.
Desde ese momento la situación se deterioró dramáticamente, hasta el punto de que la Agencia Federal de Gestión de Emergencias (FEMA) también frenó las operaciones de rescate con embarcaciones en Nueva Orleans por falta de seguridad.
• Desesperación
La falta de tareas de evacuación sólo añadió más tensión y desesperación a los miles de personas que llevan ya cinco días hacinadas en condiciones paupérrimas en un maloliente y tórrido Superdome.
Ayer por la mañana, miles de personas se agolpaban en las terrazas y pasarelas elevadas del estadio a la espera de que siguiera la evacuación.
Los únicos que parecían encontrarse cómodos en medio de ese caos eran los grupos de saqueadores armados que deambulaban por las calles a la búsqueda de cualquier cosa de valor, desde zapatillas hasta grandes televisores pasando por tiendas de deportes y grandes comercios. Por temor a los robos, numerosos damnificados optaron por defenderse con armas de fuego.
Un guardia nacional fue herido por un disparo el martes y un agente de policía de esa ciudad, Jarrod Mayberry, declaró ayer a la televisión local «WWL» que abandonó la ciudad por la falta de comunicación con sus superiores y la dejadez de éstos para dar órdenes.
Una enfermera relató que helicópteros que evacuaban pacientes de un hospital local también habían sido objeto de disparos. Cerca de 10.000 enfermos, personal y distintos trabajadores de al menos nueve hospitales de los alrededores de la ciudad estaban siendo evacuados a prisiones, luego que los nosocomios se quedaran sin energía para las maquinarias. Por otro lado, Bush designó a su padre, el ex presidente George Bush, y a su antecesor, Bill Clinton, para encabezar los esfuerzos de recolección de fondos para las víctimas de Katrina, anunció la Casa Blanca.
Por teléfono, por Internet, en comercios o en las iglesias, los estadounidenses participan en una gran muestra de generosidad hacia las zonas perjudicadas, lo que permitió ya recolectar cerca de 150 millones de dólares, según diferentes fuentes.
Además, la Casa Blanca indicó que Washington está dispuesto a aceptar cualquier ayuda desde el exterior. «Estamos abiertos a toda oferta de asistencia de otras naciones y las aceptaremos cuando sea necesario», dijo el vocero de Washington Scott McClellan.
Por otro lado, los líderes del Congreso estadounidense decidieron recortar sus vacaciones de verano boreal para llamar hoy a sesiones de emergencia destinadas a adoptar un paquete presupuestario de ayuda de 10.000 millones de dólares para las víctimas del huracán.




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