27 de diciembre 2005 - 00:00

China: pena de muerte y tráfico de órganos

Pekín- El 95% de las donaciones de órganos humanos para trasplantes hospitalarios registrados en China proceden de prisioneros ejecutados. Así lo confirmó un semanario de Pekín, que citó declaraciones del viceministro de Salud chino, Huang Jiefu. Se trata del primer reconocimiento oficial de un asunto hasta ahora únicamente denunciado por organizaciones de derechos humanos. Huang anunció que pronto entrará en vigor una nueva legislación, encaminada a poner coto a la comercialización de órganos humanos para trasplante.

En ese contexto, la revista «Caijing» da cuenta de que sólo 5% de los órganos utilizados en trasplantes son resultado de donaciones voluntarias, y el resto procede de los cuerpos de los presos ejecutados. «Queremos introducir normas que uniformen la administración y el suministro de órganos de prisioneros ejecutados, y que pongan orden en el mercado sanitario», dijo el viceministro.

Teóricamente, la donación se realiza con consentimiento previo, pero en la práctica el asunto se reduce a un negocio corrupto entre la Policía y los hospitales, y en algunos casos se han enviado ambulancias con equipos médicos a los lugares de ejecución para extraer el órgano inmediatamente.

• Competitividad

China ejecuta a más presos que todo el resto del mundo junto, con unos
1.800 ejecutados anualmente en los 90, y 3.400 estimados por la organización de derechos humanos Amnistía Internacional el año pasado.


Asimismo, China es el segundo país del mundo en trasplante de órganos y en los últimos años desarrolló toda una industria, con 250 trasplantes de corazón, 6.000 de hígado y 60.000 de riñón registrados en los últimos doce años, pero la donación voluntaria choca con tradiciones que valoran la integridad del cuerpo tras el fallecimiento.

La competitividad de los precios de un trasplante en China atrajo a muchos extranjeros, porque los precios locales son hasta 30% más económicos que en los países occidentales más desarrollados
, incluso teniendo en cuenta que los pacientes extranjeros pagan un recargo considerable que no se aplica a los chinos. Un trasplante de riñón cuesta unos 3.000 euros a un ciudadano chino. Los de hígado se pagan más de 14.000 euros. Las medidas anunciadas por Huang darán al condenado a muerte un mayor control de su decisión de donar o no, y complicarán la venta de órganos tras la ejecución, explicó el semanario. Actualmente la extracción de órganos de presos ejecutados se rige por una disposición del año 1984 que estipula en términos bastante vagos que tales operaciones sólo pueden llevarse a cabo con el consentimiento de la familia del ejecutado, o si el cuerpo de éste no es reclamado, lo que ofrece a policías y hospitales un enorme margen de acción.

• Preocupación

Los chinos padecen un sistema sanitario particularmente dominado por el comercio, en el que frecuentemente el paciente no es atendido sino que paga por adelantado, o es atiborrado a medicinas en los hospitales para aumentar la factura. Estas prácticas comienzan a preocupar al gobierno, que constata que los desmanes comerciales van a la par del aumento de los beneficios de los hospitales, que crecieron 70% entre el año 2000 y 2003, pese a que el número de ciudadanos atendidos disminuyó, según cifras oficiales.

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