CIA-gate: caerían hoy hombres clave de la Casa Blanca
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En cualquier caso, no es necesario que Hadley se vea afectado para que esta crisis sea devastadora para la presidencia de Bush. Basta con que Rove y Libby sean procesados. En ese caso, y aunque no esté en la lista de procesables, el vicepresidente Dick Cheney quedaría liquidado políticamente por su relación con Libby. Bush sólo se quedaría con Andrew Card, su actual jefe de Gabinete, como confidente político.
Según la oleada de rumores que por estos días circula en Washington, Barbara Bush ha aconsejado a su hijo - que, de paso, es su favorito- que cese a quien tenga que cesar en la Casa Blanca y alrededores, incluyendo a Dick Cheney, cuya popularidad siempre ha estado muy por debajo de la del presidente. El problema es que Cheney, que tiene ambiciones presidenciales para 2008, esté dispuesto a irse sin más.
Entretanto, el presidente primero dijo que cesaría a cualquiera que fuera procesado por la filtración. En verano se limitó a señalar que sólo quien fuera «declarado culpable» debería abandonar el cargo. El miércoles dijo que lo que más le preocupa en este momento es encontrar un sitio para celebrar su aniversario de bodas, el 4 de noviembre.
De hecho, ni siquiera se sabe si Rove y Libby dimitirían de sus cargos si son procesados, aunque todo indica que su continuidad en la administración sería insostenible. La favorable recepción a Ben Bernanke como sucesor de Alan Greenspan al frente de la Reserva Federal ha quedado sepultada bajo la oleada de rumores del caso de la espía Valerie Plame. Y el presidente tiene abiertos otros flancos, como el procesamiento, ya en curso, de su aliado Tom DeLay, el ex jefe del grupo republicano de la Cámara de Representantes, los problemas legales del presidente del Senado, Bill Frist, y el rechazo generalizado a la nominación de su colaboradora Harriet Miers para la Corte Suprema (ver vinculada).
Ya hay miembros del gabinete de Bush que han empezado las tareas de control de daños que pasan, más o menos, por decir que la culpa de todo es de Rove y de Libby... o de quien quiera Fitzgerald.
Ese parece ser el caso del jefe de prensa de Bush, Scott McClellan. Cuando el miércoles un periodista le preguntó: «Scott, hace un par de años nos dijiste que Scooter Libby y Karl Rove no tenían nada que ver con la filtración de la CIA; parece que tenías mala información», McClellan replicó con un rotundo «ya te he contado en otras ocasiones las garantías y las confirmaciones que recibí sobre eso». En otras palabras: la culpa es de ellos, yo me he enterado de todo por los periódicos.




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