28 de octubre 2005 - 00:00

CIA-gate: caerían hoy hombres clave de la Casa Blanca

Washington - Nunca en EE.UU. un miembro del gabinete ha sido procesado mientras estaba en el cargo. Así que Karl Rove puede hacer historia. Lo mismo que Lewis -alias Scooter, es decir, «Patineta»- Libby. Y tal vez más. De hecho, la rumorología desatada en Washington insiste en que el fiscal Patrick Fitzgerald [que investiga la filtración del nombre de una agente secreta de la CIA, un delito federal, desde las altas esferas del gobierno] prepara entre uno y cinco procesamientos y no descarta que el director de Seguridad Nacional, Steve Hadley, también tenga que enfrentarse a la Justicia. [Probablemente el dictamen se conozca hoy].

En cualquier caso, no es necesario que Hadley se vea afectado para que esta crisis sea devastadora para la presidencia de Bush. Basta con que Rove y Libby sean procesados. En ese caso, y aunque no esté en la lista de procesables, el vicepresidente Dick Cheney quedaría liquidado políticamente por su relación con Libby. Bush sólo se quedaría con Andrew Card, su actual jefe de Gabinete, como confidente político.

Y eso puede liquidar la capacidad política de la Casa Blanca. Cheney y Rove han sido calificados en numerosas ocasiones como los Lenin del Partido Republicano debido a su formidable capacidad organizativa. Y Libby es uno de los mayores ideólogos de la administración. El vacío que dejarían sería demasiado grande como para que Card los reemplazara.

• Aversión

El presidente tiene que reaccionar rápidamente. Y eso no es psicológicamente fácil para Bush, que tiene una probada aversión a cesar a sus colaboradores, como acaba de dejar claro en el caso de Michael Brown, el director de la Agencia Federal de Emergencias (FEMA), otro miembro del gabinete que fue mantenido en su cargo hasta que la catástrofe humanitaria tras Katrina alcanzó cotas de escándalo nacional.

Según la oleada de rumores que por estos días circula en Washington, Barbara Bush ha aconsejado a su hijo - que, de paso, es su favorito- que cese a quien tenga que cesar en la Casa Blanca y alrededores, incluyendo a Dick Cheney, cuya popularidad siempre ha estado muy por debajo de la del presidente.
El problema es que Cheney, que tiene ambiciones presidenciales para 2008, esté dispuesto a irse sin más.

Otro rumor que circula dentro del Partido Republicano- dice que Cheney podría anunciar próximamente su dimisión por motivos de salud - tiene un cuádruple bypass y ha sufrido cuatro infartos, así que no le faltarían motivos- y añade que Bush quiere que su archienemigo político, el senador John McCain, lo sustituya en la vicepresidencia. Sin embargo, McCain no es Lenin, sino el Che Guevara. Es ambicioso, carismático, más popular que Bush, le gusta hacer la guerra por su cuenta y quiere ser presidente. Eso no encaja en una Casa Blanca en la que la disciplina y la lealtad son las cualidades más apreciadas. Si Bush nombra a McCain vicepresidente sabe que él se quedaría con tanto poder como la reina de Inglaterra.

• Cambios

Entretanto, el presidente primero dijo que cesaría a cualquiera que fuera procesado por la filtración. En verano se limitó a señalar que sólo quien fuera «declarado culpable» debería abandonar el cargo. El miércoles dijo que lo que más le preocupa en este momento es encontrar un sitio para celebrar su aniversario de bodas, el 4 de noviembre.

De hecho, ni siquiera se sabe si Rove y Libby dimitirían de sus cargos si son procesados, aunque todo indica que su continuidad en la administración sería insostenible. La favorable recepción a
Ben Bernanke como sucesor de Alan Greenspan al frente de la Reserva Federal ha quedado sepultada bajo la oleada de rumores del caso de la espía Valerie Plame. Y el presidente tiene abiertos otros flancos, como el procesamiento, ya en curso, de su aliado Tom DeLay, el ex jefe del grupo republicano de la Cámara de Representantes, los problemas legales del presidente del Senado, Bill Frist, y el rechazo generalizado a la nominación de su colaboradora Harriet Miers para la Corte Suprema (ver vinculada).

Ya hay miembros del gabinete de Bush que han empezado las tareas de control de daños que pasan, más o menos, por decir que la culpa de todo es de Rove y de Libby... o de quien quiera Fitzgerald.

Ese parece ser el caso del jefe de prensa de Bush,
Scott McClellan. Cuando el miércoles un periodista le preguntó: «Scott, hace un par de años nos dijiste que Scooter Libby y Karl Rove no tenían nada que ver con la filtración de la CIA; parece que tenías mala información», McClellan replicó con un rotundo «ya te he contado en otras ocasiones las garantías y las confirmaciones que recibí sobre eso». En otras palabras: la culpa es de ellos, yo me he enterado de todo por los periódicos.

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