La corrupción es algo que impacta a los pueblos pero no siempre deriva en castigo electoral. Siempre está aquella prueba del alcalde de color de Washington, Marion Barry, sorprendido drogado en un prostíbulo y que fue reelecto en un país bastante puritano como Estados Unidos. Los cuatro famosos videos (ver aparte «Calendario de la corrupción») impactan a México pero no deja de tener gestos de humor que un extranjero y periodista a veces ve con cierto asombro. Un colega mexicano le dice: «Vas a ver que en este asunto al final la culpa no la va a tener ni Bejarano ni 'El Peje' (seudónimo de Andrés Manuel López Obrador) sino la Samsonite», que era la marca visible del portafolios donde la mano derecha de AMLO metía en el video, enfocado desde cuatro cámaras y con sonido perfecto, atropelladamente los billetes de la coima que le entregaba Carlos Ahumada.
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Otro periodista le dice, pese a que en Latinoamérica hay muchos pueblos que pueden pelear el primer lugar en la corrupción: «Somos el país más rico del mundo. En esto del dinero indebido a México nadie le gana. Los políticos llevan 500 años robando. Calculan que el conquistador Hernán Cortés ya lo engañó al gobernador español de Cuba, que le había financiado el viaje quedándose con todo el oro de los aztecas».
En otro trasgo de humor, el mozo de un restorán le dice al periodista: «¿Sabe usted por qué México no figura entre los cien países más corruptos del mundo? Porque pagamos para no figurar».
Un senador dice lo más campante por radio: «En México la corrupción es un deporte nacional». Aún con su sinceridad, creo que en la Argentina podemos pelearle el primer lugar en coimas, que aquí las llaman «mordidas». Por empezar, la cuna, la escuela primaria y los primeros once años de vida -que dicen que son los que forman la personalidad- de Carlos Ahumada Kurtz son nuestros, desde su Córdoba natal. Además nosotros somos más caros cuando nos decidimos a «morder», como dicen los mexicanos. Ahumada con 60.000 dólares pedía toda la obra pública en un sector, más dos cargos administrativos. En la Argentina una ley laboral, para colmo un híbrido que no sirvió para nada, hubo que pagarla, dicen, 6.000.000 de dólares.
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