Comienza una semana clave para alcanzar la paz en Honduras
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Manuel Zelaya.
Después de la euforia inicial que siguió a la suscripción de un acuerdo que parecía imposible tras cuatro meses de negociaciones, pese a la fuerte presión de la comunidad internacional, el nerviosismo parece instalarse en el campo zelayista.
Las declaraciones de algunos miembros de la delegación de Micheletti, que han asegurado que éste podría seguir presidiendo el gobierno mientras el Congreso no se manifieste o vote en contra de la restitución, no han hecho más que atizar el fuego de las suspicacias.
Los 128 diputados del Congreso deben "reunirse de forma inmediata", instó el asesor de Zelaya, Rasel Tomé, para quien "esa es la obligación de un poder del Estado que está al servicio de su pueblo, porque estamos en una profunda crisis".
El frente Nacional de Resistencia mantendrá su boicot contra las elecciones del 29 de noviembre, que incluye el retiro de propaganda de los candidatos, hasta que se produzca la restitución de Zelaya en la Presidencia, anunció Juan Barahona, uno de sus dirigentes.
La urgencia de que se resuelva la restitución de Zelaya es mayor a medida que se acerca la fecha de unas elecciones que quedarían entredicho si antes no se restablece el orden constitucional.
La población también manifiesta hartazgo de esta crisis que ha dividido al país en dos. "Es hora de que esto acabe y pensemos en otra cosa", dice Ana, una peluquera en cuyo salón no se habla de otra cosa. Y en la calle pocos son los que creen (y dicen querer) la restitución del presidente depuesto.
Este lunes empieza a correr el reloj pese a ser día feriado. Se constituirá la Comisión de Verificación, bajo la supervisión de la Organización de Estados Americanos -integrada por dos extranjeros y dos hondureños, uno por cada bando- que se encargará de comprobar el cumplimiento del Acuerdo de Tegucigalpa/San José/ Diálogo de Guaymuras.
"Si una de las fuerzas no acepta ese acuerdo, lógicamente no hay reconciliación y continúa el golpe de Estado", advirtió Zelaya.



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