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A sólo dos semanas de las elecciones legislativas en las que el Partido Republicano puede perder su mayoría en el Congreso, la Casa Blanca se ve más apremiada que nunca por la marcha de la guerra en Irak, y acosada por los llamamientos a cambiar de rumbo. Bush, que hasta hace unas semanas había asegurado que mantendría «el rumbo», reconoció ayer que está dispuesto a adaptar su estrategia «a las circunstancias sobre el terreno».
El presidente -que deberá ahora dar garantías sobre el uso en Irak de dinero de los contribuyentes de su país- se reunió por tercera vez en cuatro días con sus principales asesores militares. En esta ocasión, con los secretarios de Defensa, Donald Rumsfeld; y de Estado, Condoleezza Rice, así como el jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Peter Pace.
La Casa Blanca insiste, sin embargo, en que eso no significa que se vaya a dar un giro significativo en su política hacia Irak. El periódico «The New York Times» señaló el domingo que la Casa Blanca elabora un calendario para que el gobierno iraquí se haga cargo de manera más rápida de la seguridad del país.
Esas informaciones, que citaban a altos funcionarios de EE.UU. que el diario no identificó, aseguraban que si el gobierno que encabeza el primer ministro, Nuri al-Maliki, no aceptaba esa propuesta, Washington podría acometer un cambio en su estrategia militar. En este sentido, el vicepremier iraquí, Barham Saleh, pidió ayer en Londres a la comunidad internacional «que no salga corriendo» de su país.
La Casa Blanca había calificado en un primer momento la información del «Times» como «inexacta». Pero ayer el consejero presidencial, Dan Bartlett, reconoció en entrevistas televisadas que la Casa Blanca maneja una serie de «parámetros» previstos para el gobierno iraquí.



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