31 de diciembre 2003 - 00:00

Con enojo, Lula acepta inspecciones nucleares

Brasilia y Viena (AFP, ANSA) - Brasil, que en 2004 reactivará su programa nuclear y espera convertirse en exportador de uranio enriquecido, salió a negar versiones de que se resiste a recibir inspecciones de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), y anunció que las aceptará en tanto respeten «intereses tecnológicos y comerciales».

A través de un comunicado, el Ministerio de Ciencia y Tecnología refutó un artículo publicado por «The New York Times» que asegura que Brasil «se resiste» a dejar ingresar inspectores en las centrales donde a partir de mayo próximo empezará a producir uranio enriquecido para generar energía.

La nota oficial se suma a la polémica y sostiene que «el programa nuclear brasileño tiene fines exclusivamente pacíficos» y que Brasilia «cumple y siempre cumplió los compromisos asumidos mediante la firma de acuerdos, convenciones y tratados internacionales».

«En razón de esos compromisos, hace diez años que todos los materiales presentes en todas las instalaciones brasileñas están bajo controles internacionales» que se realizan «de manera irrestricta y periódica, inclusive con inspecciones no anunciadas», prosigue el documento.

Acuerdos

El comunicado puntualiza que «las inspecciones se efectúan mediante procedimientos específicos negociados y acordados con las dos agencias, preservando nuestros intereses tecnológicos y comerciales».

Consultada en su sede de Viena, la AIEA señaló que no tiene hasta el momento ninguna preocupación específica por el programa nuclear brasileño, aunque
desearía que Brasilia firme un protocolo adicional del Tratado de No Proliferación (TNP). Ese protocolo obliga a sus signatarios a suministrar informaciones mucho más precisas y autoriza visitas tanto a centrales en funcionamiento como a reactores apagados, a centros de investigación y a fábricas de productos que pueden servir para programas nucleares.

Irán fue el último país en adherir a ese tratado y Libia anunció este mes su intención de imitarlo. Esas presiones sacan de quicio a las autoridades brasileñas, así como la identificación virtual con países considerados «sospechosos» por Estados Unidos.

El ministro de Ciencia y Tecnología,
Roberto Amaral, llegó este mes a tachar de «idiotez» la pretensión de hurgar más en los programas brasileños. «Somos el único país del mundo que permite inspecciones hasta en instalaciones militares», destacó. Amaral ya había dado pie a polémica en el primer mes del gobierno del presidente Luiz Inácio Lula Da Silva, al declararse favorable a que Brasil acceda al conocimiento necesario para la construcción de una bomba atómica, aunque sin llegar a construirla.

Amaral anunció en octubre que Brasil producirá uranio enriquecido, por decisión de Lula, con la finalidad de asegurar la «autonomía científica y tecnológica» del país. También espera convertirse en exportador de ese mineral a partir de 2014, con una proyección de ventas de 12,5 millones de dólares al año.

• Central

La reactivación del programa nuclear apunta a concluir la central Angra III, en la que el gobierno ya invirtió unos 750 millones de dólares, pero que requeriría de unos 1.700 millones suplementarios. Amaral evocó la posibilidad de una participación de China -otro rival de Washington- en el proyecto.

Angra III forma parte del complejo nuclear de Angra dos Reis, a unos 180 kilómetros al sudoeste de Rio de Janeiro. Dos plantas ya funcionan: Angra I, con tecnología de la estadounidense Westinghouse y 635 megavatios de capacidad, y Angra II, con tecnología de la alemana Siemens y 1,3 megavatios de capacidad. La electricidad producida por esas dos plantas representa 3% del consumo total de electricidad de Brasil.

Brasil adhiere actualmente a tres mecanismos de control nuclear: el ABACC, firmado en 1991 con la Argentina, su rival histórico; un acuerdo cuatripartito entre la Argentina, Brasil, ABACC y la AIEA; y el Tratado de No Proliferación (TNP), firmado en 1997.

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