Roma - El hotel Santa Marta es una construcción diáfana e imponente al lado de la basílica de San Pedro, a poco menos de 200 metros de la Capilla Sixtina. Ahora está radiante, pero vacío, y antes de que lleguen sus huéspedes será necesaria una revisión a fondo para limpiarlo de posibles medios de transmisión y escucha.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Es en la casa de Santa Marta donde se alojará el Sacro Colegio durante el cónclave y, por eso, no basta con controlar que la Capilla Sixtina y sus alrededores estén sellados.
Los purpurados se preparan para llegar a Roma de las cuatro esquinas del planeta. Y por vez primera en la historia no dormirán en el mismo lugar donde se celebran las votaciones.
• Tormento
El papa Wojtyla pensó también en esto, en el bienestar de los cardenales. Las últimas experiencias habían sido un tormento, especialmente para los purpurados más ancianos. El peor fue el cónclave que eligió al papa Luciani en 1978. Era en agosto y hacía muchísimo calor. Un equipo nutrido de albañiles, ebanistas, carpinteros y electricistas se puso manos a la obra para preparar lo más rápido posible el alojamiento del Sacro Colegio. Se trataba de una serie de celdas construidas alrededor de la Sixtina, separadas con biombos. En cada una de ellas, una palangana con una jarra de agua y un vaso y un rollo de papel higiénico. Eso era todo lo que tenían.
No había duchas y sólo tenían un servicio para cada 10 purpurados. En esa zona del palacio, todas las ventanas estaban, además, selladas y los ascensores, bloqueados.
Mejor, mucho mejor la nueva residencia dedicada a la hermana de Lázaro, la que acogió a Jesús en su casa de Betania. Cuando comience el próximo cónclave, todas las mañanas y todas las tardes, los 117 cardenales electores serán trasladados a la Sixtina en autobuses que los devolverán a la casa de Santa Marta para comer y, después, para cenar. En la residencia hay 120 departamentos. Cada uno de ellos consta de una habitación, un pequeño estudio y un baño con la suspirada ducha. En definitiva, la clausura será más soportable, pero no por eso menos rigurosa.
Según las disposiciones del papa Wojtyla, durante toda la jornada electoral los cardenales «deben abstenerse de mantener correspondencia epistolar, telefónica o con otros medios de comunicación con personas extrañas al ámbito de la elección, a no ser por una comprobada y urgente necesidad».
Nada de móviles ni de Internet, obviamente. De igual manera, les está prohibido « recibir la prensa diaria y periódica, así como escuchar la radio y ver la televisión».
Dejá tu comentario