San Pablo (enviado especial) - Mientras la policía seguía la pista de dos sospechosos -uno blanco y el otro negro, ambos de alrededor de 30 añosy los jueces paulistas exigían a las autoridades protección extraordinaria, Brasil seguía ayer inmerso en la conmoción debida al asesinato del viernes del juez de Ejecuciones Penales, Antonio José Machado Dias. El presidente Luiz Inácio Lula Da Silva calificó el caso como «una barbarie que atenta contra el estado de derecho» y la prensa local mostró su alarma en términos nunca usados.
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El principal diario de Rio de Janeiro y uno de los más importantes y tradicionales del país, «O Globo», sorprendió ayer publicando un extenso y durísimo editorial en tapa titulado «A la confrontación». El editorial señala que «no es novedad que el país enfrenta una grave crisis de seguridad pública», pero que «el hecho nuevo y que atemoriza es la velocidad con que en los últimos tiempos el crimen organizado se expandió y pasó a amenazar las propias instituciones republicanas». «O Globo» recuerda que Machado Dias tenía bajo su jurisdicción al jefe del narcotráfico carioca, Fernando da Costa, alias «Fernandinho Beira-Mar», y alude a «evidencias de infiltración del crimen organizado en altas esferas de poderes de la República, como la Justicia y el Congreso». «Llegó la hora de reaccionar con el máximo vigor... La guerra ya comenzó», finaliza el periódico en un tono sin precedentes cercanos.
Las sospechas por el crimen apuntan a «Beira-Mar», trasladado a la cárcel de máxima seguridad de Presidente Bernardes, en San Pablo, tras su rol como organizador de la ola de narcoterrorismo que azotó a Rio de Janeiro antes del último carnaval. El mafioso, responsable por 60% del tráfico de cocaína en el país, es el líder del Comando Vermelho (CV, Comando Rojo), la principal organización criminal y narcotraficante del país, con fuertes lazos en Colombia y Paraguay.
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