Washington y Berlín - Conforme la invasión de Rusia a Ucrania gana en dureza, la pregunta de hasta qué punto llevar las sanciones económicas al primero de esos países se instala con fuerte en las principales capitales de Occidente. La denominada “madre de todas las sanciones”, esto es un embargo a las exportaciones de petróleo y gas sería, en efecto, un golpe devastador para la economía rusa ya sometida a una aguda devaluación del rublo, pero países autosuficientes en hidrocarburos, como Estados Unidos, o logran convencer por el momento a otros altamente dependientes de las importaciones, como Alemania. Ante eso, Washington analiza avanzar en soledad con esa medida.
Crece la pelea de EE.UU. y Alemania por energía rusa
La dependencia de Berlín del petróleo y el gas de Moscú es enorme
y un cierre de importaciones podría tener efectos devastadores
sobre los precios y la propia disponibilidad de esos insumos clave.
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Dos funcionarios de la administración de Joe Biden familiarizados con el tema le dijeron a la agencia Reuters que aquel plantearía la cuestión en la videoconferencia que planeaba ayer mantener con los líderes de Alemania, Francia y el Reino Unido.
En busca de fuentes alternativas de crudo que permitan limitar el impacto global de una medida semejante, el Departamento de Estado envió el último fin de semana una delegación a Caracas para proponerle al gobierno de Nicolás Maduro un alivio de las sanciones a cambio de un incremento de su producción petrolero. Eso, sin embargo, obligaría al chavista a abandonar su alineamiento con Moscú y no es claro en qué medida podría ayudar a ese objetivo, aun si quisiera hacerlo, dado el impacto que las sanciones contra Venezuela han generado en la estatal PDVSA. Según se informó, las conversaciones no han registrado hasta ahora progresos.
Movimientos
Asimismo, la Casa Blanca también está negociando con los líderes del Congreso que están trabajando en una ley rápida que prohíba las importaciones rusas. Un alto funcionario estadounidense aludido por Reuters señaló que “es probable que Estados Unidos lo haga en soledad”.
Canadá, que importaba de Rusia apenas el 5% de su consumo doméstico, ya ha prohibido las importaciones desde ese país.
La Unión Europea (UE), en cambio depende en enorme medida del petróleo y el gas rusos. Este último da cuenta del 40% del consumo total de las familias y las empresas del bloque, proporción que sube a más del 60% en el caso de Alemania.
Distancia
Así, el canciller alemán, Olaf Scholz, recordó ayer que las importaciones de energía procedentes de Rusia son “esenciales” para la “vida diaria de los ciudadanos” en Europa y el suministro del continente no puede garantizarse por vías alternativas en este momento.
El miedo a un embargo occidental sobre el petróleo ruso hizo que los precios del crudo se dispararan de nuevo el lunes. Alemania trabaja “con sus socios de la UE y no solo de la UE para encontrar alternativas a la energía rusa”, agregó Scholz. “Pero esto no puede lograrse de un día para otro”, agregó.
“Hay que poder mantener las sanciones en el tiempo”, explicó la ministra alemana de Relaciones Exteriores, Annalena Baerbock. “No sirve de nada si en tres semanas descubrimos que solo tenemos electricidad para algunos días y hay que replantearse esas sanciones”, dijo.




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