Crece la violencia en un Irak al borde de la guerra
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El martes pasado un número desconocido de insurgentes del EIIL que provenía del norte de Siria, donde hace meses que controlan la provincia de Raqqa, sorprendió al gobierno iraquí y a dirigentes de todo el mundo al tomar la segunda ciudad del país, Mosul, tras apenas cinco días de combates.
Al día siguiente continuaron su marcha y tomaron Tikrit, la capital de Salahedin, la provincia al sur que conecta el norte del país con Bagdad.
Cuando los milicianos extremistas hicieron público su objetivo de avanzar sobre la capital iraquí, el gobierno chiita de Nuri al Maliki prometió lanzar una masiva contraofensiva y sus socios internacionales -las potencias occidentales, pero también la República Islámica de Irán- garantizaron su apoyo.
En ese contexto, una bomba estalló en el corazón de Bagdad, en la zona comercial de Bab al Sharqui. En el momento de la explosión, la calle estaba colmada de vendedores ambulantes.
Según informó la policía local a la prensa, al menos nueve personas murieron y otras 20 resultaron heridas. La mayoría de estas últimas se encuentran graves.
Al poco tiempo cuatro morteros cayeron sobre un concurrido centro de reclutamiento en Khlais, a sólo 50 kilómetros al norte de Bagdad, camino hacia la zona en disputa con las milicias islamistas sunnitas.
Según informó el Ejército, al menos tres soldados y tres voluntaron murieron en el ataque.
Tras el rápido avance del EIIL, Al Maliki, apoyado por el clérigo chiita más influyente del país, llamó a los ciudadanos a presentarse como voluntarios para combatir contra los milicianos sunnitas radicales. Según el gobierno, ya se presentaron miles de hombres.
Mientras las fuerzas kurdas, apoyadas por los bombardeos del Ejército, parecen haber frenado o, al menos, reducido el ritmo del avance del EIIL, combates estallaron con fuerza en el pueblo de Tal Afar, a unos 60 kilómetros al oeste de Mosul, no muy lejos de la frontera con Siria.
Ante el sombrío panorama que domina Irak, el papa Francisco expresó hoy su preocupación, al término de la oración del Ángelus dominical.
"Los invito a todos a unirse a mis oraciones por la querida nación iraquí, sobre todo por las víctimas y por quienes sufren las consecuencias de la violencia, en particular por muchas de esas personas, entre ellas muchos cristianos, que tuvieron que abandonar sus hogares", aseguró el Pontífice.




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