Washington y Londres (Reuters, AFP) - El caso Enron amenaza con arrastrar a la Casa Blanca a una arriesgada batalla legal para defender su derecho a no revelar los detalles de sus contactos con ejecutivos de la empresa que protagoniza la mayor quiebra de la historia, lo que está encendiendo una polémica en el Congreso.
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Ante la creciente presión de los legisladores demócratas y la amenaza de la Controladuría del Congreso de que llevaría el caso a la Justicia, el presidente de la Cámara de Representantes, el republicano Dennis Hastert, respaldó la decisión del presidente George W. Bush de no hacer público el contenido de las reuniones mantenidas al más alto nivel con ejecutivos de Enron. «Pienso que cualquier miembro electo del Congreso se sobresaltaría y se avergonzaría si fuera a hablar con el presidente y supiera que su información se difunde», dijo. Pero el representante demócrata Richard Gephardt afirmó no estar de acuerdo con que «los derechos privados de los amparados son más importantes que el interés público».
El vicepresidente Dick Cheney aludió que vería afectado su derecho a mantener reuniones privadas con empresarios si ahora se creaba el precedente de revelar el contenido de los seis encuentros mantenidos con directivos de Enron durante 2001.
• Respuesta
En tanto, el gobierno británico debió salir a responder oficialmente los pedidos de investigación de legisladores conservadores y liberales sobre las vinculaciones de funcionarios de Tony Blair con la empresa en quiebra por vaciamiento y evasión impositiva. «No hay ninguna evidencia que sugiera vínculos inapropiados» entre el laborismo británico y Enron. «El laborismo siempre mantuvo separados las donaciones a su partido con la influencia política», indicó el vocero de Blair.
Para salvar a la compañía, que fue considerada un modelo de gestión y crecimiento durante la década del '90 por autoridades y especialistas, fue nombrado presidente interino Stephen Cooper, un experto en recuperación de empresas en quiebra. Cooper era directivo de la consultora Zolfo Cooper y reemplazará al renunciante e íntimo de Bush, Keneth Lay.