24 de junio 2005 - 00:00

Cruces entre gobierno y oposición por denuncias

Brasilia (ANSA, AFP, EFE, Reuters) - La nueva jefa de gabinete de Brasil, Dilma Rousseff, denunció ayer una conspiración contra el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, acusando a la oposición de lanzar denuncias de corrupción para acortar su mandato.

«Hay sectores interesados en la interrupción del mandato presidencial y en la anticipación de las elecciones», previstas para 2006, afirmó ayer Rousseff a la prensa local, dos días después de asumir su cargo (ministra jefa de la Casa Civil).

La ex ministra de Minas y Energía asumió el lunes en reemplazo de José Dirceu, el «hombre fuerte» del gobierno de Lula da Silva, que quedó involucrado en las denuncias según las cuales el oficialismo sobornaba a legisladores para obtener apoyo político.

Rousseff es el primer miembro del gabinete de Lula en referirse a la teoría de una « conspiración» como base para la oleada de denuncias que afecta al gobierno y al Partido de los Trabajadores (PT). Pero la «conspiración» ya había sido anunciada por Dirceu, quien tras renunciar dijo en un encendido mensaje a militantes del PT que las denuncias del diputado Roberto Jefferson, del Partido Laborista Brasileño (PTB), son «una forma de golpismo».

• Sanción

El mismo día, el viernes, la ex alcalde de San Pablo (2000-2004) Marta Suplicy alertó sobre un «intento de linchamiento» de la fuerza política del presidente Lula da Silva. Finalmente, el martes se conoció que la Justicia le quitó a la ex funcionaria sus derechos políticos por tres años debido a un caso de corrupción producido durante su administración.

También los movimientos sociales -como el de campesinos sin tierra (MST) y la Central Unica de Trabajadores (CUT)- denunciaron «intentos de desestabilización del gobierno democráticamente elegido», al comenzar esta semana una movilización nacional para apoyar al gobierno.

Más allá de las denuncias oficiales, hay declaraciones de algunos políticos opositores --marginales en realidad-que parecen mostrar la intención de ir contra el mandatario.

El diputado de ultraderecha y ex oficial del ejército
Jair Bolsonaro (Partido Progresista) exigió ayer que Lula sea «desbancado» del poder.

«Tenemos que comenzar un movimiento para desbancar al presidente de la República», propuso.

Además, aprovechó para fustigar a Lula por el plan oficial de unión civil entre personas del mismo sexo. «Todo el mundo habla de los gays. Del homosexual activo nadie habla, sólo de los maricones. Tenemos que comenzar a desenmascarar a este gobierno», dijo.

«Si la corrupción existe en el Congreso, quien la practica, el homosexual activo, es el presidente Lula. Tenemos que comenzar un movimiento para desbancar al presidente de la República. No queremos un homosexual pasivo ni activo en este gobierno», afirmó.

En tanto, el senador del Partido del Frente Liberal (PFL)
Agripino Maia señaló en relación con Lula que «no queremos un juicio para la destitución, pero sí cocinarlo a fuego lento para que llegue con 15% de popularidad a las elecciones» del año próximo.

Mientras,
el grueso de la oposición reaccionó con indignación a las afirmaciones de Rousseff. El ex presidente Fernando Henrique Cardoso, jefe del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), se sumó a la polémica al afirmar que Lula tiene que saber «con quién anda».

Otra fuerte respuesta provino de un senador de ese mismo partido,
Arthur Virgilio do Carmo, quien exigió al gobierno que «desmonte de una vez esa mentira de que denunciar e investigar la corrupción es golpismo».

Desde la tribuna del Senado, Virgilio alertó-que «el gobierno y el PT deben retomar el juicio, pues de otro modo las cosas llegarán a lo imponderable y eso no será bueno para nadie».

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