De la Bolivia más profunda al poder
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Evo Morales se mostró permanentemente con una rama de coca en la mano. Su promesa de liberar el cultivo de la materia prima de la cocaína causa fuerte preocupación en EE.UU. y en Europa.
Tras cumplir el servicio militar en 1978, Evo se mudó junto con su familia a El Chapare, la zona cocalera del trópico de Cochabamba que lo hizo famoso. Dijo Evo que su mudanza al Chapare fue con «el objetivo de estudiar en Cochabamba, en la Universidad». Imposible.
En 2000, Evo trascendió las fronteras gremiales cuando actuó como líder de la revuelta que expulsó de Cochabamba a Aguas del Tunari, en la que se conoció como la «guerra del agua». Durante la gestión de Jorge «Tuto» Quiroga (2000-2002), transformado ya Morales en una figura pública, su desafuero como diputado por «incitación a la violencia» y la calificación de «narcotraficante» por parte del ex embajador estadounidense Manuel Rocha lo llevaron a un nivel de popularidad que preocupó a sus adversarios. Esa preocupación se transformó en alarma en las elecciones de 2002, cuando este dirigente cocalero creció hasta ser considerado presidenciable.
Varias bancadas del Congreso acordaron designar entonces a Gonzalo Sánchez de Lozada como presidente. Acto seguido, comenzó la era de inestabilidad extrema a la que las elecciones de ayer pretenden darle un punto final.
En este proceso, repleto de renuncias y degradaciones públicas que afectaron a derecha e izquierda (de Humberto Vaca Díez, a «Goñi» o Felipe Quispe), la figura de Evo Morales fue un pivot a la boliviana. A los ponchazos, los espacios quedaban vacíos pero el sindicalista cocalero no dejaba el suyo.
• Reflexión
Dicho esto, cabe una reflexión más allá de las ideologías y la proclamada nacionalización de los hidrocarburos. El Chapare o la comunidad de Isallavi son a todas luces más bolivianos que Miami, ciudad luz para buena parte de la dirigencia política hoy desprestigiada. El castellano y el quechua también suenan más autóctonos que el inglés, idioma en el que se sentía cómodo «Goñi» por sobre su deficiente castellano.
Evo dice que duerme muy poco y tiene sueños premonitorios. Es difícil que aquel futbolista y trompetista haya soñado que periodistas de todo el mundo lo iban a perseguir en los últimos cinco años para arrancarle alguna declaración. En pocos años, Evo se vio evaluando todo. Del comunismo al capitalismo, de los líderes emergentes de los países vecinos hasta Maradona o Fidel Castro, todos merecían para la prensa una opinión del humilde cocalero.
Hablar mucho fuerza las contradicciones, más aún en una política esquizofrénica como la boliviana. El sindicalista del Chapare, está claro, no las eludió. Sus críticos lo atribuyen a su falta de preparación académica. Quien haya hablado con Evo sabrá que a veces las conversaciones se interrumpen en forma repentina. Basta con que una pregunta lo canse o lo importune.
Su vida privada no es pública. En la campaña que concluyó, sus opositores le endilgaron la no asistencia de sus dos hijos y su ex pareja, pero el dato no está claro. Se ha mencionado que Bolivia estrenaría a un presidente indígena y campesino. Lo que no se dijo tanto es que, en otro hecho inédito, el país podría conocer a una primera dama danesa. Del suntuoso barrio de Irpavi hasta el populoso El Alto se murmura que el Evo conquistó a una colaboradora europea de una ONG. La izquierda europea estaría encantada.




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