De megalómano a superterrorista
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El deseo de atención parece haber sido también la punzada que le hizo entrar de lleno en el terrorismo, de acuerdo con la comisión, que basó gran parte de su relato en las confesiones del propio Mohammed una vez que cayó en manos estadounidenses.
Vio la «fama instantánea» que ganó su sobrino Ramzi Yousef al organizar el primer atentado contra el World Trade Center de Nueva York, donde una bomba explotó en 1993 y mató a seis personas, y quiso seguir su ejemplo, según el gobierno estadounidense.
Ya había estado vinculado con el terrorismo, pero su papel hasta ese punto había sido secundario. Como la gran mayoría de la vieja guardia de Al-Qaeda, entró en el mundillo del extremismo islámico por su experiencia como muyahidin (combatiente) en Afganistán.
Nacido en Kuwait, en 1965, según dijo ayer en la vista, en el seno de una familia proveniente de Baluchistán, la región que se extiende por el sur de Irán, Afganistán y Pakistán, Mohammed tiene pasaporte paquistaní.
Estudió un semestre en Chowan College, una pequeña universidad baptista en Carolina del Norte, y completó su licenciatura en Ingeniería Mecánica en diciembre de 1986 en la Universidad Agrícola y Técnica de ese estado. Usaría ese conocimiento de primera mano de la cultura y la lengua estadounidenses para entrenar a los futuros secuestradores de los aviones del 11-S, según Washington.
De Estados Unidos se fue a Afganistán a luchar contra los invasores soviéticos y también combatió en Bosnia. En 1992, se mudó a Qatar, donde un ex alto funcionario le consiguió un trabajo como ingeniero en un ministerio. Con esa tapadera estableció una red de contactos con grupos fundamentalistas islámicos en todo el mundo, según Estados Unidos.
Mohammed se convirtió en un «empresario terrorista», un hombre en busca de patrocinadores para sus planes de atacar a Estados Unidos, no por alguna afrenta que sufriera cuando era estudiante allí, sino como castigo por su política externa, anotó la comisión. De esta forma se topó con Bin Laden en Afganistán, al que en 1996 presentó, como un vendedor ambulante, su idea de transformar aviones de pasajeros en armas de destrucción masiva.
Cinco años después, 2.973 inocentes murieron en Nueva York, Washington y Pensilvania.



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