Desafío de Irán a EE.UU.: reabrió su reactor de Isfahan
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George W. Bush
Entretanto, bullía la actividad diplomática con reuniones a puerta cerrada para limar las desavenencias. Los occidentales consideran que la conversión y el enriquecimiento de uranio en Irán representan un peligro de proliferación ya que, si bien estas actividades producen el combustible necesario para las centrales civiles, también pueden ser utilizadas para fines militares.
Por el momento, la reanudación de la conversión ha sido parcial, porque seguía precintada la parte más sensible de la central, que produce hexafluoruro de uranio (UF6), un gas que al ser introducido en las centrifugadoras es reconvertido en uranio enriquecido.
Irán, deseoso de reducir las sospechas de que pretende fabricar bombas atómicas, ha insistido en que su central de Isfahan reanude su actividad bajo la atenta mirada de los inspectores de la AIEA, que vigila su programa nuclear desde 2003.
La República Islámica suspendió en noviembre todas las actividades relacionadas con el enriquecimiento y la conversión para facilitar las negociaciones con la «troika» de la Unión Europea, integrada por Alemania, Francia y Gran Bretaña. Pero Irán siempre dijo que esta suspensión era provisional y quedó frustrado con el fruto de un diálogo que en su opinión buscaba privarlo de su derecho « inalienable» al enriquecimiento.
Poco antes de reemprender su actividad en Isfahan, Irán calificó de «inaceptables» e «insultantes» las propuestas de cooperación de la UE y declaró «irreversible» la reanudación de la conversión. La UE reaccionó inmediatamente: convocó a una reunión del consejo de los gobernadores y blandió la amenaza de llevar el caso iraní ante el Consejo de Seguridad de la ONU, habilitado para imponer sanciones.
En principio, la sesión de la AIEA no desembocará en el Consejo de Seguridad, ya que los europeos, pese al pesimismo reinante, no han tirado la toalla y quieren convencer a los iraníes de que vuelvan a suspender esas actividades y permitan la instalación de precintos. Además, la anunciada oposición de China inviabilizaría el tratamiento del tema.
Las discrepancias en el seno de la AIEA benefician a los iraníes. Un grupo de países en desarrollo teme por la repercusión que el caso pueda tener en sus propias aspiraciones nucleares, por lo que son más bien partidarios de una simple declaración en vez de una resolución, más vinculante.
Por otra parte, se estima que el gobierno de George Bush tendrá dificultades para encontrar aliados favorables a imponer sanciones contra Irán: una nueva intervención militar estadounidense parece poco probable, y la Unión Europea, Rusia y China quieren evitar poner en peligro sus relaciones -y la posibilidad de hacer negocios- con el segundo productor mundial de petróleo.



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