3 de mayo 2004 - 00:00

Desafíos de Nueva Europa

Desafíos de Nueva Europa
El pasado fin de semana veinticinco jefes de Estado, bajo la custodia de 5.000 policías y más de 2.500 soldados, celebraron con júbilo y fuegos artificiales, en Dublín, una nueva expansión de la Unión Europea. Esta verdadera explosión de crecimiento, que es la más importante desde que se intentó concebir una Europa unificada en la década de los '50, coloca a la Unión -con la incorporación de sus diez nuevos países miembro-en el tercer lugar en los conjuntos poblacionales del mundo después de China e India.

Sin embargo, toda la esperanza que genera este crecimiento y la ilusión de una Europa unida bajo un mismo régimen trae consigo también los miedos respecto de cómo este nuevo gigante de 453 millones de personas podrá enfrentar las complicaciones derivadas de las disparidades económicas que existen entre sus integrantes y la ausencia total de coordinación de sus políticas en campos tan sensibles como la defensa y la política exterior, así como la eventual reacción que puedan tener los antiguos quince miembros si ven amenazadas sus posiciones relativas por parte de los nuevos integrantes o por los cambios que pudieran generarse en el mercado.

• Temores

De hecho no son pocas las inquietudes y temores que los analistas políticos y económicos acercan a los medios de comunicación en estos días para abrir el debate sobre la cuestión. Entre ellas pueden destacarse las relativas a: I) ¿cuál será el costo que la Unión y cada uno de los países miembro deberá pagar como consecuencia de este ensanchamiento?; II) ¿cómo afectará esto a las corrientes migratorias internas y también su relación con los habitantes de países extracomunitarios que vislumbran en esta Europa en crecimiento una suerte de «nueva tierra prometida» a conquistar?; III) ¿existe algún peligro de que se deterioren las áreas de control ambiental y seguridad sanitaria a partir de este cambio?; IV) ¿cómo reaccionará la economía frente a este nuevo escenario?; o V) ¿puede darse alguna situación de «dumping social?» dentro del ámbito comunitario? Ello sin siquiera mencionar la honda preocupación que genera un posible recrudecimiento de la corrupción y del crimen organizado, teniendo en cuenta que durante el año pasado la oficina europea de lucha antifraude (OLAF) ha tratado más de 156 casos de fraude e irregularidades originados en los diez nuevos estados miembro.

Si bien lo que existe hoy son sólo incógnitas y no respuestas, lo cierto es que los países europeos están tomando sus prevenciones en resguardo de lo que pudiera ocurrir. Aquí en Francia, al menos, el gobierno ha entendido que no puede ni debe permitir una crisis industrial de los grandes grupos de origen francés, como tampoco perder en manos de extranjeros el control de industrias estratégicas, aun a riesgo de ciertas rispideces con las autoridades europeas. Al cuestionado salvataje de Alstom -uno de los gigantes de la industria francesa- liderado por el Estado que aún no ha superado las objeciones por parte de las autoridades de la Unión, ha seguido la intervención política directa del gobierno para evitar que el grupo Novartis de Suiza tomara el control del titán farmacéutico franco-alemán (Adventis-Sanofi), ejerautoridadesciendo todo tipo de presiones para bloquear el ingreso de los inversores extranjeros en esta área, y no ruborizándose al ser caracterizado como un gobierno «intervencionista», protector del «interés industrial nacional» o de promover el regreso del « pompidouismo». Con la misma naturalidad está gestionando en el Parlamento francés una ley que ya tiene media sanción legislativa para la protección de Air France. Por su parte, Italia también enfrenta la fuerte crítica de las autoridades comunitarias por el incumplimiento de las metas impuestas en materia de déficit presupuestario -el que mantiene fuera de los límites permitidos como fuente de subsidio a actividades consideradas integrantes del «interés nacional», especialmente industrial-y España debió enfrentar una investigación de las de la Unión por haber otorgado un «perdón» impositivo parcial a una empresa (Outokumpu) para que la misma pudiera continuar operando y no cayera en quiebra, haciendo prevalecer el interés social, la continuidad del emprendimiento y las fuentes de trabajo, bajo el pretexto de privilegiar las « futuras recaudaciones». No menos audaz es el intento actual de promover -desafiando las directivas comunitarias-una rebaja del IVA a las actividades e industrias «culturales».

Mientras tanto, en Eslovaquia -y dentro de un primer plan de «relocalización» industrial-, a pocos kilómetros de su capital, Bratislava, se está instalando una nueva planta automotriz como cabeza de playa para la generación de una «nueva Detroit».

• Poder fuerte

Es verdad que terminar de reconstruir Europa es algo que llevará tiempo y esfuerzo. Pero de lo que no caben dudas es que la progresiva inclusión de miembros ( Rumania y Bulgaria ingresarán en 2007, y luego -seguramente-Turquía) no será suficientemente auspiciosa si no se logra construir, al mismo tiempo, un poder central europeo fuerte que pueda pilotear las tormentas que se aproximan en los mercados internos e internacionales y en el ámbito de la política exterior y la defensa; y en esto a la nueva Europa le queda aún la tarea de enfrentar una asignatura pendiente.

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