Seúl (AFP) - El presidente estadounidense George W. Bush llegó ayer a Seúl, donde hubo manifestaciones y se quemaron banderas norteamericanas, para una visita de tres días a Corea del Sur, aliado de Estados Unidos y vecino de Corea del Norte, al que acusa de formar parte del «eje del mal».
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Provenientes de Tokio, Bush y su esposa Laura llegaron a la base militar de Seúl y fueron recibidos por el ministro sudcoreano de Relaciones Exteriores, Choi Sung Hong, en medio de importantes medidas de seguridad. Cerca del aeropuerto, la policía antimotines se enfrentó violentamente a un centenar de manifestantes que enarbolaban pancartas hostiles a la visita del mandatario. Los manifestantes quemaron varias banderas norteamericanas. Otras manifestaciones tuvieron lugar en diferentes barrios de Seúl y en otras ciudades del país.
La policía detuvo a 14 manifestantes, entre ellos, a un estudiante que quemó una bandera de Estados Unidos cerca de una base militar estadounidense en la sureña ciudad de Daegu. También fueron quemadas banderas cerca de la base norteamericana de Junjeon, 70 km al occidente de Seúl.
Las conversaciones que Bush mantendrá en Corea del Sur estarán dominadas por el tema de las relaciones con el régimen de Pyongyang. El presidente sudcoreano Kim Dae Jung hizo de la normalización entre ambas Coreas la piedra angular de su política.
El discurso sobre «el eje del mal» que hizo en enero el presidente norteamericano acusando a Corea del Norte, Irán e Irak de querer producir armas de destrucción masiva, reforzó los temores de los dirigentes surcoreanos de ver reducidos a cero los esfuerzos de normalización con el sombrío régimen de Pyongyang. A su vez, el régimen estalinista norcoreano trató a Bush de jefe «de un imperio del mal» y la prensa oficial lo tildó del «más belicista y rencoroso» de los presidentes norteamericanos.
Sin embargo, Bush moderó su posición el lunes en Japón respecto de Irak, Irán y Corea del Norte, al declarar que Washington desea «resolver todos los problemas de manera pacífica», pero que conserva «todas las opciones sobre la mesa».
El presidente estadounidense, que hoy debe ir hasta la frontera con Corea del Norte, provocó que las autoridades de Seúl desplegaran a sus fuerzas en un importante dispositivos de seguridad. Los militares sudcoreanos y norteamericanos que se encuentran en permanencia en Corea del Sur aumentaron la vigilancia de la Zona desmilitarizada (DMZ), que separa a ambas Coreas desde el fin de la guerra en 1953.