18 de junio 2004 - 00:00

Difunden diálogos más dramáticos del 11 de setiembre

El 11 de setiembre de 2001, dos funcionarios le informan a Bush las últimas novedades sobre los atentados, a bordo del avión presidencial. Aquel día, la CIA ordenó que el Air Force 1 se mantuviera a la máxima altitud posible.
El 11 de setiembre de 2001, dos funcionarios le informan a Bush las últimas novedades sobre los atentados, a bordo del avión presidencial. Aquel día, la CIA ordenó que el Air Force 1 se mantuviera a la máxima altitud posible.
Washington (AFP, Reuters, The New York Times, DPA) - La comisión independiente que investigó las fallas en la prevención de los atentados del 11 de setiembre dio a conocer ayer la segunda parte del informe preliminar que da cuenta de la siniestra frialdad de los terroristas, de la imprevisión de las fuerzas de seguridad y de la inmediata convicción del presidente George W. Bush de que «alguien va a pagar» lo ocurrido.

Otro de los datos reveladores del informe es que el vicepresidente Dick Cheney, quien prácticamente tomó el mando de la situación aquel día, ordenó personalmente derribar todo avión que se acercara a la capital del país. Aunque era una hipótesis que se manejaba, el dato acrecienta las dudas sobre el verdadero destino del cuarto avión que había partido de Newark y que cayó en un campo cercano a Pensilvania.

Cheney se comunicó el 11 de setiembre de 2001 con el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, quien prácticamente fue ignorado el día de los ataques. Esto le dijo, según lo revelado ayer: «Tuvimos informaciones de aviones acercándose a Washington, y está confirmado que dos de ellos fueron secuestrados. Y, siguiendo las instrucciones del presidente, di autorización para que sean derribados.

Rumsfeld respondió: «OK. Permítame preguntar algo. ¿La directiva fue transmitida a la aviación?». «Sí. Eso es», le indicó Cheney.

La voz del terrorista egipcio Mohammed Atta
, escuchada ayer por primera vez, provocó conmoción entre los familiares de algunas de las víctimas que asistieron a la presentación del informe de la comisión compuesta por dirigentes de ambos partidos estadounidenses y presidida por el republicano Thomas Kean. «Tenemos algunos aviones. Quédense tranquilos, que todo saldrá bien. Estamos volviendo al aeropuerto», dijo Atta a los pasajeros del vuelo Aa11 que había partido de Boston a las 8.00 locales de aquel 11 de setiembre.

Los controladores aéreos, cuya labor fue elogiadaen el informe, perdieron contacto con el avión cuando se interceptó otra comunicación de Atta: «Nadie se mueva. Todo irá bien. Si se mueven se pondrán en peligro ustedes y el avión. Quédense tranquilos».

La comisión, cuyo trabajo final se conocerá en un mes, reconoció que no había ningún tipo de preparación de las fuerzas de seguridad para prevenir el ataque de Al-Qaeda.

• Incredulidad

Así lo demuestran los diálogos de los controladores. Uno de ellos se comunicó con un centro de alerta militar de Atlantic City, Nueva Jersey. A las 8.37 un controlador aéreo de la Federal Aviation Administration (FAA) habló con el Neads, centro de defensa aérea del nordeste de Boston: «Hay un avión secuestrado que vuela hacia Nueva York. Hagan algo, manden un F-16. Ayúdenlos». «Es verdad o es un ejercicio?», preguntó incrédulo el militar de Neads. «No es un ejercicio ni una prueba», respondió el hombre de la FAA. Cazas F-15 decolaron a las 8.46 de la base Otis de la Air Force, pero era demasiado tarde y cuarenta segundos después el vuelo Aa11 impactó contra el World Trade Center.

Igualmente caótica fue la reacción ante el secuestro del vuelo 175, que partió de Boston a las 8.14.
A las 8.58, un controlador de Nueva York comenzó a sospechar la existencia de otro secuestro: «Tenemos distintas situaciones. Debemos involucrar al Pentágono», imploró a las 9.00 un ejecutivo del centro FAA de Nueva York en el centro de comando de la agencia en Herndon, Virginia, tres minutos antes del impacto del avión en la segunda-Torre Gemela. El tercer vuelo, Aa77, había partido de Dulles cerca de Washington a las 8.20 y a las 8.54 se había desviado de su ruta. El vuelo 77 reapareció en los radares a las 9.32 con dirección a Washington. La FAA pidió a un avión militar de carga no armado que lo escoltara: «Parece que impactó en el Pentágono», dijo el piloto a las 9.38.

El cuarto vuelo de la empresa United había partido de Newark a las 8.42 y a las 9.28 dejó de comunicarse con tierra. El avión impactó cerca de Jamestown, en la campiña de Pensilvania a las 10.03.

«Estamos en guerra... alguien las va a pagar.»
Esa fue la reacción inmediata de Bush tras enterarse de los ataques terroristas, según la reconstrucción de los acontecimientos dada a conocer. A las 09.05, 19 minutos después del choque del primer avión contra el World Trade Center, el presidente se encontraba en un aula escolar en Florida. Los alumnos leían en voz alta. Su jefe de gabinete, Andy Card, le informó entoncesdiscretamente que otro aparato se estrelló contra la segunda torre. «Estados Unidos es el blanco de un ataque», le murmuró Card al oído, ante la mirada intrigada de los escolares y periodistas presentes, cuyos teléfonos comenzaban a sonar.

Pese a que Bush permaneció en la escuela 5 o 7 minutos más, el servicio secreto comenzó a insistir para que se le proteja en un lugar seguro. Bush, de inmediato, llamó por teléfono al vicepresidente,
Dick Cheney. «Parece que tenemos una pequeña guerra aquí. Escuché lo que sucedió en el Pentágono. Estamos en guerra... Alguien las va a pagar», dijo Bush.

Cheney le pidió expresamente al presidente que no vuelva a Washington, que era lo que pretendía hacer Bush.

Poco después, el Air Force One, el avión presidencial, levantaba vuelo, pero sin destino preciso. «El objetivo, indica el informe,
era tomar altura tan rápido y alto como fuera posible, y decidir luego a dónde ir

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