Dolor por la muerte del Papa más destacado de los últimos siglos
Mientras la Curia Romana rendía ayer su último homenaje a Juan Pablo II, más de 130.000 fieles colmaban la Plaza San Pedro para participar de una conmovedora misa en su memoria. A partir de hoy será el turno del tributo de la gente, quienes dispondrán de tres días para ver por última vez a su amado Papa. Se estima que dos millones de personas arribarán a Roma desde todos los rincones del mundo. George W. Bush, Lula da Silva y otros líderes mundiales concurrirán al funeral, que podría desarrollarse el jueves para, luego sí, abrir ya paso a la sucesión. Juan Pablo II fue, junto al ex presidente de EE.UU. Ronald Reagan, el hombre más decisivo en la caída del totalitarismo comunista en Europa, basado en una ideología extrema que costó más de 100 millones de vidas. Más allá de haber sido un notable defensor de la vida y la libertad, o acaso precisamente por ello, Karol Wojtyla fue un pontífice trascendental en la historia moderna de la Iglesia. La condujo con pulso firme durante más de 26 años, por lo que es natural que su desaparición la suma en el dolor y también en la confusión. La sucesión de Juan Pablo II reabrirá la lucha interna entre los sectores más apegados a la doctrina tradicional y otros que ansían una fuerte renovación. Otro frente de polémicas será en qué región debe recaer el nuevo papado: en Italia, retomando una centenaria primacía quebrada por el pontífice polaco, o en el Tercer Mundo.
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Juan Pablo II era velado ayer en el hall Clementina del Vaticano mientras más peregrinos convergían en Roma.
Los asistentes a la primera misa por el alma del Pontífice polaco, muerto a los 84 años tras dos días de agonía, siguieron el rito religioso con fervor y se emocionaron, como lo hicieron aquellos que lo vieron de cerca, ya amortajado.
Karol Wojtyla murió el sábado como consecuencia de una «septicemia generalizada y de un colapso cardiovascular irreversible», según se informó ayer.
En la capilla Clementina del Palacio Apostólico se cumplió la primera estación de las exequias con el papa Wojtyla yacente sobre un catafalco para que los purpurados y, por primera vez, las autoridades italianas y el Cuerpo Diplomático le rindieran tributo.
Juan Pablo II vestía los hábitos pontificales: sotana blanca y casulla roja, sobre la que le fue colocado el «palio» -la estola de lana blanca con cruces negras signo litúrgico de honor y jurisdicción-. Sobre la cabeza, la mitra y, apoyado a su cuerpo, el báculo.
Delante del catafalco desfilaron, con la televisión también por vez primera como testigo, purpurados, políticos y diplomáticos, después de que el Camarlengo, el cardenal español Eduardo Martínez Somalo -que en este período se encarga de la custodia y gestión de los bienes de la Sede Vacante-, bendijera el cadáver al final de un responso.
El portavoz del Vaticano, Joaquín Navaro Valls, informaba, entre tanto, que la capilla ardiente con los restos mortales de Juan Pablo II se abrirá hoy a las 17 hora local en la Basílica de San Pedro.
Los fieles, que ayer siguieron afluyendo masivamente a la Plaza de San Pedro, le podrán rendir su último homenaje durante los tres días en los que permanecerá expuesto su cuerpo, antes de que culminen los funerales de nueve días de duración.
Para hoy, está convocada la primera reunión de la congregación de cardenales para decidir los detalles de esas honras fúnebres, que podrían celebrarse el viernes, con la asistencia de gobernantes de todo el mundo.
Los cardenales también abrirán, presumiblemente, el testamento del papa fallecido, en el que debe constar su voluntad de donde quiso ser enterrado, si en el Vaticano, como parece más probable, o en Cracovia, en su Polonia natal, de donde fue arzobispo.
El gobierno italiano, en plena jornada electoral marcada por la muerte del Sumo Pontífice, se reunió en consejo de ministros para nombrar coordinador de los preparativos de los acontecimientos que se avecinan al responsable de Protección Civil, Guido Bertolaso.
• Operativo
Según las primeras estimaciones, se prevé que lleguen a Roma unos dos millones de personas, por lo que ya se ha puesto en marcha un operativo que incluye medidas de seguridad y sanitarias, y la habilitación de centros de atención.
Quienes llegaron ayer a la capital italiana fueron los cardenales que participarán en el cónclave (a partir del día 17), entre ellos, el chileno Jorge Arturo Medina Estévez, encargado de anunciar al mundo el nombre del nuevo Papa como protodiácono de la Iglesia Católica.
El cardenal Medina dijo a su llegada que Juan Pablo II ha sido «un Papa Magno, un gran maestro de la fe y un gran pastor», palabras repetidas por personalidades de todo el mundo, donde se sucedieron las misas y los homenajes al pontífice fallecido.


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