20 de agosto 2026 - 10:18

Donald Trump anunció una "guerra económica aplastante" contra Irán y advirtió que la extenderá a países que lo apoyen

El presidente de EEUU prometió una ofensiva financiera para aislar a Teherán, mientras la guerra entre ambos países sigue estancada. Irán rechazó la amenaza y la calificó como una “política fracasada”.

Donald Trump continúa su ofensiva contra Irán.

Donald Trump continúa su ofensiva contra Irán.

Crédito: The White House

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció una nueva “guerra económica” contra Irán para profundizar el aislamiento financiero de Teherán, en momentos en que el conflicto entre ambos países se acerca a los seis meses y las negociaciones diplomáticas siguen trabadas. La amenaza fue rechazada por el canciller iraní, Abás Araqchi, quien sostuvo que Washington insiste en una “política fracasada” y advirtió que esa estrategia solo provocará una nueva derrota para Estados Unidos.

La ofensiva anunciada por Trump apunta a cortar los canales económicos que todavía permiten sostener a Irán en medio de la guerra. En un mensaje publicado en Truth Social, el mandatario prometió lanzar “la operación económica más aplastante jamás emprendida contra ningún país” y exigió terminar con el contrabando de petróleo, el intercambio de divisas y las transferencias de efectivo.

El anuncio llega en un momento crítico para el mercado energético. Irán mantiene bloqueado el estrecho de Ormuz, una ruta clave de Oriente Medio por la que antes de la guerra circulaba una quinta parte de los hidrocarburos mundiales. Esa posición convirtió a la vía marítima en una herramienta de presión estratégica frente a Washington y sus aliados.

Trump endurece la “máxima presión”

La nueva amenaza económica profundiza la política de “máxima presión” que Trump ya había aplicado durante su primer mandato y que restableció tras regresar a la Casa Blanca en enero de 2025.

El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, había anticipado la semana pasada que Irán podía enfrentar un aislamiento económico “como el mundo nunca ha visto”. Trump avanzó ahora en esa línea y extendió la advertencia a terceros países.

“Cualquier país que permita que sus instituciones financieras, empresas, aeropuertos o entidades gubernamentales brinden cualquier tipo de salvavidas a Irán afrontará tremendas consecuencias económicas”, afirmó el mandatario.

El objetivo de Washington es cerrar los canales comerciales, financieros y logísticos que todavía conectan a Irán con el exterior. La presión apunta especialmente al petróleo, las divisas y los flujos de efectivo, tres frentes sensibles para una economía debilitada por años de sanciones y por el impacto directo de la guerra.

Irán rechaza la ofensiva de Estados Unidos

Teherán respondió con dureza. Araqchi sostuvo que el anuncio busca “distraer de la propia crisis de Estados Unidos” y acusó a Trump de redoblar una estrategia que ya fracasó.

Para Irán, la presión económica no logró hasta ahora forzar una capitulación ni modificar su posición frente a Washington. Pese al deterioro interno, el gobierno iraní mantiene el bloqueo sobre Ormuz y funcionarios del régimen mencionan abiertamente la posibilidad de realizar operaciones ofensivas en esa ruta marítima.

A comienzos de agosto, durante una reorganización de puestos clave del mando militar, el nuevo líder supremo iraní, Mojtaba Jamenei, llamó a “fortalecer la disuasión máxima” y prepararse para operaciones ofensivas a gran escala.

La señal refuerza la posibilidad de que el frente económico se combine con una nueva escalada militar o marítima si las negociaciones siguen sin avances.

Ormuz, el centro de la tensión energética

El estrecho de Ormuz es el punto más sensible de la crisis. Su bloqueo altera una de las principales rutas globales para petróleo y gas, y mantiene bajo presión a navieras, aseguradoras, traders y países importadores de energía.

Antes del conflicto, por esa vía transitaba alrededor de una quinta parte de los hidrocarburos comercializados en el mundo. Por eso, cualquier amenaza sobre su funcionamiento tiene impacto directo sobre precios, costos logísticos y expectativas de abastecimiento.

La tensión se agrava porque las hostilidades militares bajaron en intensidad, pero no desaparecieron. El protocolo de acuerdo firmado en junio quedó roto el mes pasado y las partes se acusan mutuamente de incumplimientos.

En ese escenario, Trump parece haber optado por una ofensiva económica más que por una escalada militar directa. Sin embargo, la presión financiera sobre Irán puede alimentar nuevas respuestas en el Golfo y en otras rutas estratégicas.

La economía iraní bajo presión

La economía de Irán ya muestra señales de deterioro profundo. El 22 de julio, la inflación acumulada en los últimos 12 meses llegó al 66%, frente al 46% registrado en febrero, antes del inicio de la guerra.

La moneda también continúa en caída. El miércoles, un dólar se cambiaba a 1,88 millones de riales, frente a 1,65 millones justo antes del conflicto.

El gobierno iraní busca sostener la llamada “economía de la resistencia”, una estrategia orientada a reducir la dependencia del mundo exterior. La expresión había sido utilizada por primera vez en 2010 por Alí Jamenei, padre y antecesor de Mojtaba Jamenei, quien murió en un bombardeo el primer día de la guerra.

En mayo, Mojtaba Jamenei pidió a las empresas evitar despidos y reclamó a los legisladores medidas para aliviar la presión sobre los hogares. La nueva ofensiva económica de Trump puede profundizar esa tensión interna, especialmente si logra limitar aún más el comercio, el acceso a divisas y las transacciones financieras.

La guerra se expande en la región

El conflicto ya no se limita al eje entre Washington y Teherán. Irán lanzó represalias contra aliados de Estados Unidos en el Golfo, mientras los hutíes de Yemen, respaldados por Teherán, atacan infraestructuras petroleras y buques saudíes en el mar Rojo.

El martes, Emiratos Árabes Unidos acusó a Irán de lanzar dos misiles balísticos que cayeron en el mar y que, según Abu Dabi, estaban dirigidos contra la navegación marítima. Teherán negó la acusación.

Como respuesta, la diplomacia emiratí anunció la suspensión, hasta nuevo aviso, de todos los intercambios comerciales y transacciones financieras con Irán. La medida suma otra capa de aislamiento regional para la república islámica y refuerza la presión sobre sus vínculos económicos en el Golfo.

Un conflicto con impacto global

La nueva “guerra económica” de Trump busca arrinconar a Irán sin elevar de inmediato la intensidad militar del conflicto. Pero el riesgo es que una mayor presión financiera derive en respuestas sobre rutas marítimas, infraestructura energética o aliados regionales de Estados Unidos.

Para el mercado global, el punto crítico sigue siendo Ormuz. Mientras esa vía permanezca bloqueada o bajo amenaza, el comercio de petróleo y gas seguirá expuesto a interrupciones, mayores costos de seguros, demoras logísticas y volatilidad de precios.

La economía iraní ya enfrenta inflación, devaluación y aislamiento. Washington apuesta a que ese deterioro fuerce un cambio de postura. Teherán, en cambio, busca mostrar resistencia y sostener su capacidad de presión sobre una ruta energética clave.

El resultado es una crisis que combina guerra, sanciones, petróleo, divisas y comercio marítimo. La ofensiva económica de Trump puede ser presentada como una alternativa a una escalada militar directa, pero también puede convertirse en un nuevo disparador de tensión en una región decisiva para el abastecimiento energético mundial.

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