EE.UU.: una mexicana es nuevo emblema de los indocumentados
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Elvira Arellano era ya conocida en los círculos de inmigrantes de Chicago, al frente del grupo United Latino Families, defendiendo los derechos de las familias separadas por las órdenes de deportación. Su experiencia personal, tres años luchando con los tribunales para evitar su expulsión a México y la separación de su hijo, Saúl, le hicieron pasar al campo del activismo político.
«Me siento rodeada por mi comunidad, que siempre ha estado ahí para apoyarme. Estamos unidos, y mientras sigamos unidos estamos contentos. No sabemos lo que pasará», comenta.
Elvira entró ilegalmente en EE.UU. en 1997 y fue deportada a las pocas semanas. Volvió a intentarlo, y esta vez tuvo más suerte: consiguió llegar hasta Oregon, donde pasó tres años, antes de dar el saltoa Chicago en el año 2000, con Saúl ya bajo el brazo. En 2002, en unas de la redadas de inmigrantes ilegales del Departamento de Seguridad Interior tras el 11-S, fue detenida por trabajar ilegalmente como empleada de la limpieza en el aeropuerto de O'Hare. Ahí empezaron sus penurias.
Pese a la notoriedad de su caso y la peculiaridad del refugio elegido, el brazo de la ley amenaza con irrumpir en cualquier momento en el santuario de Elvira.
«La arrestaremos y la deportaremos, como requiere la ley, en el momento y en el lugar indicados», asegura Gail Montenegro, portavoz de Inmigración y Aduanas. Con la ley en la mano, nada impide que los agentes del Departamento de Seguridad Doméstica se presenten en cualquier momento en la iglesia de Adalberto y se lleven a Elvira y a su hijo.
El pastor de la iglesia, Walter Coleman, ha dejado bien claro que Elvira seguirá contando con su protección y la de sus feligreses, amén de las plegarias por un final feliz a su tragedia personal.




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