21 de agosto 2006 - 00:00

EE.UU.: una mexicana es nuevo emblema de los indocumentados

Nueva York - «Padre, le pido amparo porque me busca la 'migra' y quieren mandarme de vuelta a México.» Elvira Arellano se atrincheró el martes con su hijo Saúl en una iglesia de Chicago y ahí sigue, temiendo que en cualquier momento den la patada en el templo los agentes de inmigración.

Pero Elvira, 31 años, madre soltera, no cuenta sólo con la protección divina. Una riada de peregrinos hispanos acude todos los días al santuario de los inmigrantes en la iglesia metodista Adalberto para mostrar su apoyo.

«Mi hijo tiene siete años, es ciudadano estadounidense y no quiere que yo me vaya a ningún lado. Así que me voy a quedar aquí con él: no podrán separarnos.»

Elvira, detenida hace cuatro años por trabajar sin papeles en el aeropuerto de O'Hare, tenía que haberse presentado el martes ante el Tribunal de Chicago que tramita su orden de deportación. En un acto de desafío público a las leyes de EE.UU., la madre mexicana decidió enfilar hacia la iglesia de Humboldt Park ante un rosario de parabólicas y micrófonos.

En apenas cuatro días, Elvirase ha convertido en la Juana de Arco de la inmigración. Las vigilias de solidaridad se celebran no sólo en Chicago; también en Detroit, Phoenix, Tucson y Los Angeles. Las mujeres latinas, que habían permanecido en segundo plano durante las manifestaciones de la primavera (boreal) pasada, han decidido dar la cara y escudarse en un viejo/nuevo lema: «Las familias latinas, unidas, jamás serán vencidas».

«Elvira es el rostro del nuevo movimiento», asegura Emma Lozano, directora del Centro Sin Fronteras de Chicago. «Su drama es el drama de millones de familias con hijos nacidos acá y que se ven obligados a separarse por unas leyes de inmigración inhumanas.»

Elvira Arellano era ya conocida en los círculos de inmigrantes de Chicago, al frente del grupo United Latino Families, defendiendo los derechos de las familias separadas por las órdenes de deportación. Su experiencia personal, tres años luchando con los tribunales para evitar su expulsión a México y la separación de su hijo, Saúl, le hicieron pasar al campo del activismo político.

«Me siento rodeada por mi comunidad, que siempre ha estado ahí para apoyarme. Estamos unidos, y mientras sigamos unidos estamos contentos. No sabemos lo que pasará», comenta.

  • Penurias

    Elvira entró ilegalmente en EE.UU. en 1997 y fue deportada a las pocas semanas. Volvió a intentarlo, y esta vez tuvo más suerte: consiguió llegar hasta Oregon, donde pasó tres años, antes de dar el saltoa Chicago en el año 2000, con Saúl ya bajo el brazo. En 2002, en unas de la redadas de inmigrantes ilegales del Departamento de Seguridad Interior tras el 11-S, fue detenida por trabajar ilegalmente como empleada de la limpieza en el aeropuerto de O'Hare. Ahí empezaron sus penurias.

    Pese a la notoriedad de su caso y la peculiaridad del refugio elegido, el brazo de la ley amenaza con irrumpir en cualquier momento en el santuario de Elvira.

    «La arrestaremos y la deportaremos, como requiere la ley, en el momento y en el lugar indicados», asegura Gail Montenegro, portavoz de Inmigración y Aduanas. Con la ley en la mano, nada impide que los agentes del Departamento de Seguridad Doméstica se presenten en cualquier momento en la iglesia de Adalberto y se lleven a Elvira y a su hijo.

    El pastor de la iglesia, Walter Coleman, ha dejado bien claro que Elvira seguirá contando con su protección y la de sus feligreses, amén de las plegarias por un final feliz a su tragedia personal.
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