Washington (ANSA) - Clarence Ray Allen, de 76 años, enfermo y ciego, fue ejecutado en la prisión de San Quintín, California, luego de que el gobernador Arnold Schwarzenegger le negó la gracia.
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Allen, la segunda persona de más edad a la que se le aplica la pena de muerte en Estados Unidos, había apelado la sentencia argumentando que era inconstitucional matar a una persona de su edad y en sus condiciones físicas. La ejecución del anciano, condenado por el asesinato de tres personas en 1980, reavivó el debate sobre la pena de muerte en Estados Unidos y en el exterior y provocó protestas de defensores de los derechos humanos que se acercaron a la cárcel de San Quintín para rezar por las víctimas de Allen y por los familiares de éste.
De todas formas, esta vez las protestas fueron menores a las que se realizaron el 13 de diciembre pasado ante la misma prisión, cuando se ejecutó a Stanley «Tookie» Williams, un ex pandillero negro que fue nominado varias veces al Nobel de la Paz por sus escritos contrarios a la violencia.
La ejecución de Allen también dio que hablar fuera de los Estados Unidos y el secretario general del Consejo de Europa, Terry Davis, dijo que «la pena de muerte siempre está mal, pero mandar a un anciano ciego de 76 años a una silla e inyectarle veneno es grotesco».
Davis criticó en un comunicado al gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, a quien acusó de no haber « escuchado todos los llamados para salvar la vida de Clarence Ray Allen», y pidió, «como amigo de Estados Unidos», que esa nación abandone para siempre la práctica de la pena capital.
A pesar de las apelaciones de Allen y sus abogados, ni el gobernador Schwarzenegger, ni la Suprema Corte de Justicia de California, ni el Tribunal Federal de Apelaciones revocaron la sentencia de muerte.
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