El ascenso de un conciliador
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En el mismo hotel donde intentaron atacar a Trump balearon a Reagan en 1981
Justamente, su pasado en Indonesia ha aportado a la leyenda negra que sobre él han tratado de erigir sus enemigos: éstos dicen que allí concurrió a una escuela coránica, y que su actual identificación como cristiano es apenas una fachada de su identidad musulmana (ver aparte).
Su adolescencia en Hawaii estuvo marcada no sólo por una destacada trayectoria escolar, sino también por años de rebeldía y escarceos con las drogas. A esa etapa le siguió una selecta formación en las universidades de Columbia y Harvard, otra como profesor y defensor de los derechos civiles en Chicago, su elección como senador estadual y su desembarco como senador en Washington en 2004.
Apoyado en un carisma irresistible, Obama intenta encarnar el espíritu de John F. Kennedy, a quien dice admirar. Pero eso no le impide, conciliador y heterodoxo al fin, afirmar que también se inspira en Ronald Reagan, acaso el último gran ícono republicano.
A su favor juega también su actitud crítica con la guerra de Irak, a la que se opuso incluso desde antes de la invasión en 2003. A caballo de eso, intenta presentar una imagen de frescura y renovación expresada en su eslogan de campaña: «Cambio. Podemos creer».
Así, sus propuestas de campaña van desde la retirada militar de Irak hasta un intento de diplomacia directa con algunos de los peores enemigos actuales de los Estados Unidos, como el iraní Mahmud Ahmadinejad, el sirio Bachar al-Asad, el venezolano Hugo Chávez y el cubano Raúl Castro. Con respecto a Cuba, prometió aliviar el embargo comercial y eliminar las restricciones para los viajes a la isla. En lo doméstico, su plataforma es moderada y evitó caer en promesas populistas aun en el espinoso tema de la crisis hipotecaria, que tiene a miles de familias pendientes del remate de sus viviendas.
Obama está casado con Michelle Robinson Obama y tiene dos hijas, Malia Ann y Natasha.



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