El ascenso de un conciliador

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Se lo ha llamado «la gran esperanza blanca»: algunos con sorna, achacándole no representar cabalmente las reivindicaciones de los negros estadounidenses, y otros, los más, porque veían en él la encarnación del viejo sueño de reconciliación en un país aún desgarrado por profundas divisiones raciales.

Barack Hussein Obama Jr. cobró notoriedad a nivel nacional durante la convención nacional del Partido Demócrata realizada en Boston hace apenas cuatro años. Fue allí donde se consagró la candidatura presidencial -finalmente fallida- de John Kerry, quien pronunció un vibrante discurso que tocó las fibras más íntimas de muchos norteamericanos, en el que convocó a cerrar las heridas raciales abiertas en el país. «No hay unos Estados Unidos blancos y unos Estados Unidos negros, sino los Estados Unidos de América», dijo entonces.

Hoy senador por Illinois y de 46 años, es hijo de Barack Obama Sr., un economista keniano educado en Harvard, y de Ann Dunham, una mujer blanca de Wichita (Kansas).

  • Ejemplo

    Nacido en Honolulu ( Hawaii), y criado entre EE.UU. e Indonesia, conoce tanto los sofisticados pasillos del poder y el privilegio como los barrios más desheredados de EE.UU. Según él mismo ha explicado, su historia es un ejemplo de mixtura racial y cultural que lo ha dotado de las herramientas necesarias para conciliar y forjar alianzas.

    Su media hermana, Maya Soetoro-Ng, lo explicó más claramente: «Se mueve entre varios mundos; es lo que ha hecho toda su vida».

    Justamente, su pasado en Indonesia ha aportado a la leyenda negra que sobre él han tratado de erigir sus enemigos: éstos dicen que allí concurrió a una escuela coránica, y que su actual identificación como cristiano es apenas una fachada de su identidad musulmana (ver aparte).

    Su adolescencia en Hawaii estuvo marcada no sólo por una destacada trayectoria escolar, sino también por años de rebeldía y escarceos con las drogas. A esa etapa le siguió una selecta formación en las universidades de Columbia y Harvard, otra como profesor y defensor de los derechos civiles en Chicago, su elección como senador estadual y su desembarco como senador en Washington en 2004.

    Apoyado en un carisma irresistible, Obama intenta encarnar el espíritu de John F. Kennedy, a quien dice admirar. Pero eso no le impide, conciliador y heterodoxo al fin, afirmar que también se inspira en Ronald Reagan, acaso el último gran ícono republicano.

    A su favor juega también su actitud crítica con la guerra de Irak, a la que se opuso incluso desde antes de la invasión en 2003. A caballo de eso, intenta presentar una imagen de frescura y renovación expresada en su eslogan de campaña: «Cambio. Podemos creer».

    Así, sus propuestas de campaña van desde la retirada militar de Irak hasta un intento de diplomacia directa con algunos de los peores enemigos actuales de los Estados Unidos, como el iraní Mahmud Ahmadinejad, el sirio Bachar al-Asad, el venezolano Hugo Chávez y el cubano Raúl Castro. Con respecto a Cuba, prometió aliviar el embargo comercial y eliminar las restricciones para los viajes a la isla. En lo doméstico, su plataforma es moderada y evitó caer en promesas populistas aun en el espinoso tema de la crisis hipotecaria, que tiene a miles de familias pendientes del remate de sus viviendas.

    Obama está casado con Michelle Robinson Obama y tiene dos hijas, Malia Ann y Natasha.
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