25 de junio 2003 - 00:00

"El delirio de Fidel es una guerra contra los EEUU"

"Creo que ni vale la pena." Esa fue la lapidaria frase que usó ayer Huber Matos -uno de los líderes históricos de la revolución cubana y quien pasó 20 años en las cárceles de Fidel Castro por oponerse a su dictadura- al referirse a su renuncia a mantener contactos con el gobierno argentino para sumarlo a un bloque por la democracia en la isla. "El aplauso del Congreso argentino y las manifestaciones de jóvenes estudiantes son deplorables. A un señor que hizo más daño a Cuba que Stalin a Rusia no hay que rendirle pleitesía", dijo en entrevista con este diario. Durante su cautiverio, Matos fue aislado y salvajemente torturado, y sólo la presión internacional le salvó la vida. Según él, con la actual ola represiva, Castro busca desencadenar una invasión estadounidense para tener una excusa para su fracaso y salvar su pellejo exiliándose.

Huber Matos tenía 34 años cuando se sumó activamente a la revolución que derrocó al dictador Fulgencio Batista y que encabezó Fidel Castro, en Cuba, y llegó a ser responsable de la región agrícola de Camagüey. Pero no tardó en darse cuenta de que el nuevo gobierno «se desviaba de los objetivos y asumía tendencias marxistas», según dice. Le planteó a Fidel Castro que no iba a avalar «ninguna dictadura comunista ni de ningún signo» e hizo pública una carta manifestando sus disidencias, lo que le valió 20 años de cárcel y vejaciones entre octubre de 1959 y el mismo mes de 1979. Ahora, a los 84 años, reside en Miami y vino a Buenos Aires a presentar «Cómo llegó la noche», un libro en el que plasma su visión del proceso cubano. En diálogo con este diario dijo que «Castro está obsesionado por tener una guerra con EE.UU.» y acerca de un proyecto para crear un «bloque de naciones» contra el régimen cubano, encabezado por España, aclara que con el gobierno de Néstor Kirchner «ni vale la pena hablar». La siguiente es la entrevista que mantuvimos con él.

Periodista:
Usted participó de la revolución que derrocó a Batista en 1959. ¿Volvería a hacerlo?

Huber Matos: Ahora mismo estoy luchando por las mismas causas por las que luchamos entonces. Defiendo los mismos ideales. El pueblo cubano fue víctima de un proceso de frustración completa. Luchamos por llevar a Cuba a un proceso democrático que había interrumpido Batista en marzo de 1952, pero si hubiera sabido que iba a venir esta dictadura habría hecho cualquier otra cosa pero no apoyar este proceso.


P.:
¿A qué cree que se debe la última ofensiva que llevó a la cárcel a 75 disidentes?

H.M.: Con esa represión brutal perdió hasta los amigos políticos e intelectuales que tenía en los países. ¿Por qué lo hace? Creo que Castro está empecinado en que su régimen termine con una guerra con EE.UU. Puede ser por deterioro mental, o por miedo a que los propios militares cubanos lo maten, o por conseguir una excusa para el fracaso de su gobierno y exiliarse en algún país como Brasil y quedar como un superhombre. Se trata de un enfermo mental con morbosidad en su ego, que lo antepone a cualquier cosa.


P.: Usted vive en Miami y conoce al exilio cubano y a sectores del gobierno de Bush. ¿Cree factible esa invasión de EE.UU.?

H.M.: Castro lo está buscando, ése es su delirio. Ya era la idea de Fidel Castro desde el comienzo de la Revolución. Cuba ya no da más, no funcionan ni la industria azucarera ni el turismo. Por nuestros contactos sabemos que en el pueblo cubano hay una histeria de que «los estadounidenses ya vienen».


Huber Matos vivió 20 años atroces en prisión. «Venían de parte de Fidel o de Raúl y me decían que yo iba a morir en la cárcel.» Por la presión internacional y su delicado estado de salud a causa de un enfisema pulmonar, fue llevado a Costa Rica el 10 de octubre de 1979 y allí liberado, «después de una paliza en la que creí que se me había reventado el hígado», recuerda. «Te liberamos porque igual vas a morir», le dijeron los castristas hace 24 años.

Ahora intenta formar un «bloque de naciones» a favor de la democracia en Cuba, con España, República Checa, y otros países que puedan romper el eje de disputa Washington-La Habana.

P.:
¿Habló con alguien del gobierno argentino al respecto?

H.M.: Creo que ni vale la pena. El aplauso del Congreso argentino y las manifestaciones de jóvenes estudiantes son deplorables y tuvieron mucha repercusión. A un señor que le hizo más daño a Cuba que Stalin a Rusia no hay que rendirle pleitesía.

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