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José Luis Rodriguez Zapatero.
El cuerpo sin vida de Diego Armando Estacio, 19 años, el segundo ecuatoriano fallecido en el atentado cometido hace una semana en el aeropuerto de Madrid, fue recobrado ayer por los equipos de rescate, tras más de 30 horas de cuidadoso movimiento de los escombros.
El cuerpo, envuelto en una manta, fue transportado por los bomberos al hospital de campaña instalado cerca del lugar de los hechos, para después ser trasladado al instituto médico forense madrileño para practicarle una autopsia, comprobó un fotógrafo de la AFP.
La familia de Estacio acompañó los restos en un vuelo especial a Quito en un avión militar.
Los restos mortales de la primera víctima, Carlos Alonso Palate, de 34 años, fueron hallados el miércoles y repatriados el jueves a Ecuador.
Ambos ecuatorianos dormían en el interior de sus vehículos cuando estalló la furgoneta bomba en el estacionamiento.
Se trata del primer atentado mortal perpetrado por ETA desde mayo de 2003. Después del atentado, se hallaron nuevos explosivos en esa región del norte español que, sumados a dos falsas alarmas de bomba en dos aeropuertos, reavivaron el temor a nuevos atentados de ETA.
La naturaleza del explosivo utilizado por ETA en el atentado del aeropuerto madrileño aún no fue oficialmente determinada y la policía científica continúa recogiendo muestras para determinar el tipo y la cantidad del explosivo utilizado, precisó el director de la Guardia Civil y Policía Nacional, Joan Mesquida.
Madrid y su comunidad decretaron duelo oficial ayer en memoria del joven ecuatoriano y el equipo del Real Madrid rindió homenaje a las víctimas depositando ramos de flores en el lugar del atentado.
El grupo armado, responsable de la muerte de unas 850 personas en 38 años, aún no explicó su gesto ni comunicó sus intenciones futuras. Contrariamente a lo sucedido con treguas anteriores, en 1989 y 1999, ETA no avisó de la suspensión del alto el fuego.
Los especialistas se preguntan sobre esta falta de anuncio y consideran que podría indicar que ETA no quería romper el proceso de paz sino simplemente lanzar un aviso --que terminó mal-- al gobierno español ante la ausencia de avances y gestos para un final negociado del conflicto vasco.




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