23 de octubre 2002 - 00:00

El francotirador de Washington se cobró ayer su décima víctima

El francotirador de Washington se cobró ayer su décima víctima mortal, esta vez un chofer de ómnibus. Pero sumó un dato preocupante: hizo llegar a la policía un mensaje en el que declara a los niños blanco de sus próximos ataques, lo que llevó a numerosas escuelas a cerrar sus puertas. "Sus niños no están seguros en ningún lugar, en ningún momento", dice la amenaza, que sumió en un absoluto pánico a la población y que, según la prensa, sumó el reclamo de 10 millones de dólares.

Una nube de policía rodea el ómnibus atacado ayer por el francotirador en la zona de Maryland
Una nube de policía rodea el ómnibus atacado ayer por el francotirador en la zona de Maryland
Washington (Reuters, DPA, EFE).- Conrad Johnson, un conductor de colectivos de 35 años, se convirtió en la décima víctima mortal del fran-cotirador místico que comenzó hace veinte días una cruenta serie de asesinatos en las inmediaciones de la capital estadounidense. Implacable y desafiante, el asesino actuó en una zona de Maryland en la que ya lo había hecho cinco veces desde el 2 de octubre, a pesar de que el FBI ha decidido movilizar más fuerzas en su búsqueda.

El chofer murió tras recibir un disparo a las 5.56 horas de la madrugada, cuando finalizaba su recorrido en el condado de Montgomery, en Maryland, el estado ubicado al norte de Washington.

La policía tenía ayer muy pocos datos de este episodio y apelaba a una nueva comunicación telefónica con una persona que se presume puede ser el asesino. «Sus hijos están en peligro», advirtió la persona en un confuso diálogo, lo que motivó el cierre de varias escuelas (ver aparte). Agregando un componente casi hollywoo-dense a este caso, los jefes de la investigación comenzaron el lunes a enviar mensajes a través de los medios de comunicación para que el asesino se vuelva a comunicar. Ayer el diario «The Washington Post» confirmó que la policía inició un diálogo con el sospechoso, pero que el mismo fue poco claro y con pocos datos concretos.

El caso de ayer guarda las mismas características que los anteriores, que hasta la fecha dejaron diez muertos y tres heridos. Si bien hay que aguardar los peritajes balísticos, el jefe de policía de Montgomery, Charles Moose, dijo que «estamos actuando de manera similar a como lo hemos hecho en los otros casos». Moose aseguró que no hubo testigos que vieran al agresor o algún vehículo abandonar la zona -«no tenemos referencias sobre vehículos, ni sobre personas»- y dejó la sensación de que la investigación policial avanzó en el transcurso del día. Moose, quien coordina la gigantesca operación para «cazar» al francotirador porque en su condado se produjeron los primeros asesinatos, se limitó a reconocer que nadie está a salvo, y pidió a la población que se mantenga alerta.

• Habilidad

«La persona o las personas involucradas en esto han demostrado una clara voluntad y habilidad para matar a gente de todas las edades, razas, géneros y profesiones, en diferentes horas, en diferentes días y en diferentes lugares», recordó Moose.

Entre las 9 víctimas mortales del francotirador confirmadas oficialmente, hay seis hombres y tres mujeres de entre 25 y 72 años, de las que cinco fueron asesinadas en Maryland, tres en Virginia y una en la ciudad de Washington a muy poca distancia del primer estado.

Además, tres personas resultaron heridas de gravedad: una mujer de 43 años y un hombre de 37, ambos en Virginia, y un niño de 13 años, todo ello en puntos distantes en torno a los 150 kilómetros.

«Animamos a todo el mundo a seguir siendo cauto y a estar vigilante en sus actividades, a que la población esté alerta por si ve cosas fuera de su sitio», declaró el jefe policial, que recurrió incluso a la sensibilidad patriótica para afrontar la situación.
Moose subrayó que «como estadounidenses hemos probado ser fuertes una vez tras otra cuando se ha amenazado nuestro modo de vida como individuos y nuestras libertades como nación».

De nuevo, el despliegue policial puesto en marcha tras la agresión sólo sirvió para producir grandes atascos de tráfico en las rutas de acceso y circunvalación de la capital estadounidense. A esto contribuyó el injustificado optimismo expresado en varias ocasiones por las autoridades policiales, que sobredimensionaron testimonios falsos y sospechas endebles, como en el caso de los dos hombres detenidos el lunes en Richmond (Virginia) en una espectacular operación de los equipos especiales de asalto. Los detenidos resultaron ser dos inmigrantes ilegales, un mexicano y un guatemalteco, que serán deportados.

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